Otra vez...
No sé que me está pasando ultimamente, pero me siento extraño. Siento que por mi mente están viajando cosas a gran velocidad. cosas que me hacen recordar, cosas que me despiertan sensaciones que alguna vez experimenté y que hoy me dan nostalgia, me hacen sentir que he perdido tres años de mi vida.
Tengo un amigo que dice que es absolutamente inpensable arrepentirse de cosas que uno no ha hecho... de hecho la otra vez "discutimos" (como solemos hacerlo, en buena) acerca de esto, y yo apoyando mi teoría que sí es posible arrepentirse de cosas que uno no ha hecho. Mi argumento más contundente (creo) fue el hecho que mi más grande arrepentimiento ha sido algo que no he hecho, algo que hoy me hace arrepentirme muchísimo, me hace preguntarme ¿qué hubiese sido de mi vida, hoy por hoy, si hubiese hecho lo que no hice?
Sé que luego de volver al norte, y despues de esto regresarme a viña, me voy a arrepentir... me voy a "arrepentir"... No sé si arrepentir, pero no me voy a querer devolver, yo lo sé. Ya puedo sentirlo, pero al menos no me voy a arrepentir de no haber ido esto es seguro.
Muchos de Uds. (si es que alguien lo lee) no debe conocer esta faceta mía... la de un weon sensible y que se deja llevar por sus sentimientos. Sí lo soy... no me da vergüenza decirlo, porque esto es parte de mi sello, parte de mi ser y es lo que soy, lo que me define como persona, y a veces me gusta ser asi y otras no. En este momento sí me gusta... me gusta que haya algo en mi mente recordandome cada treinta segundos que no estoy muerto por dentro, que este bicho en mi mente que me provoca todo esto me haga pensar y preguntarme la más profunda de las preguntas: ¿Y si hubiese tenido la oportunidad de concerla mejor?... ¿Qué habría sido de mi vida?... ¿de la suya?... ¿De la nuestra?... ¿habría habido nuestra?...
creo que tendré la oportunidad de aclararlo, necesito aclararlo.
domingo, 30 de abril de 2006
¿Yo, tú o nosotros?
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
jueves, 27 de abril de 2006
Ensayo: Una aproximación a la pregunta por el hombre
Introducción
Bien sabemos que la vida, o mejor dicho, el acontecer mundano está lleno de preguntas de toda índole, para las que han nacido una buena cantidad de metodologías para aproximarse a su descripción, análisis, interpretación y posterior explicación. En el minuto que un hombre se pregunta sobre cómo es que funcionan sus pulmones, por ejemplo, ya conoce a qué disciplina dirigirse para obtener una respuesta: La biología. Simultáneamente o no, seguramente alguien se está preguntando sobre, por ejemplo, cómo es que los planetas de millones de toneladas de masa giran en torno a otro astro inmensamente más grande y lejano, en un ciclo infinito y perfecto, pregunta para la cual también sabe a qué disciplina dirigirse: La física, disciplinas que se han denominado “ciencias empíricas, objetivas o positivas” Pero ¿y qué de aquél que se pregunta sobre qué es el hombre, cómo reducir aquella perfecta, por decir lo menos, y majestuosa unión entre cuerpo y alma plasmada en un ser tan perfecto e imperfecto a la vez, como el ser humano? ¿Cómo y quién le responde tal magnífica interrogante que ha cautivado a el mundo entero por siglos? La respuesta parece ser inmediata, trivial; y lo es: La antropología filosófica. Esta disciplina científica pretende ser un conocimiento objetivo del ser humano, que alcance certezas básicas, y que no lo haga únicamente mediante un estudio ordenado de los hechos de la realidad, cual espejo que sólo refleja en forma completamente “pasiva” lo que ocurre. Busca, asimismo, lograr entregar una imagen unitaria, completa, del ser humano, recogiendo los principales aportes de aquellas ciencias particulares u objetivas, y de otros ámbitos de la cultura, coordinándolos y reflexionando sobre su alcance con ayuda de la lógica y de la filosofía de la ciencia.
A lo largo de este ensayo intentaré dar una respuesta a una pregunta que ha tenido su origen tal como han nacido todas las demás: por un vacío. Si en algún momento alguien quiso saber cómo es que funcionan sus pulmones, o cómo es que los planetas de millones de toneladas de masa giran en torno a otros inmensamente más grandes y lejanos, fue porque este sujeto no sabía como es que ocurría aquello, y quiso llenar aquél vacío que lo aquejaba, pues, el ser humano desea por naturaleza saber, es decir, ama el conocer por sí mismo y, por ello, está abierto al conocimiento de todo lo real. “El hombre es por naturaleza filósofo”(1). Igualmente me ha sucedido con esta pregunta: nació como una necesidad de responder, de llenar un vacío, no sólo de saber, sino encontrar la respuesta a la pregunta ¿de dónde venimos?... siendo el hombre una sustancia individual de naturaleza racional, ordenado aparentemente con una intencionalidad, una finalidad, en un microcosmos; ¿Podemos por lo tanto atribuirle necesariamente tal disposición a un ser superior? Interesante es, pues, la forma en que la antropología filosófica, mediante varios brillantes exponentes, intentan acercarse a una forma correcta de interpretar esto, a partir de sus métodos y formas, y que espero me permitan llegar a alguna conclusión al final de este ensayo.
Un vago intento de acercamiento.
De acuerdo a lo que hemos llamado el “ideal clásico de la Antropología”, ésta busca el reconocimiento de las características radicales del ser humano, fundándose en la naturaleza humana, reconociéndolas en las distintas manifestaciones sensibles y contingentes, trascendiéndolas para alcanzar lo universal, esto es, buscar conocer cada una de las características más distintivas y especiales del ser humano, verlas y captarlas a través de las manifestaciones presentes en el hombre, y en un sentido, inducirlas como universales, representativas de la naturaleza humana. Ahora bien, esta parece una magnífica manera de acercarse a aquella pregunta planteada más arriba, un método que se basa prácticamente en la experiencia, sin embargo, está perfectamente claro que a través de la experiencia y la inteligencia humana se pueden inducir(2) correctamente características perfectamente representativas(3) de la naturaleza humana, que se pueden tomar como generales a partir de observarlas en un solo, o un grupo representativo de hombres, mas, a partir de esta misma experiencia, llamada la madre de todas las ciencias(4), hay un detalle, una simple característica que no puede ser inducida, deducida o inteligida de ninguna forma que sea completamente verificable por la práctica en modo alguno: la naturaleza divina del hombre, como una criatura nacida de manos de un ser superior, con una intención perfectamente establecida para ella. Además, a partir de la razón e inteligencia, y partiendo de la base de estas manifestaciones sensibles y contingentes de la experiencia humana, podríamos llegar fácilmente a conclusiones que nuestra mente considera como universales o representativas de la naturaleza humana, pero que realmente no lo son, sino que resultan ser sólo un artificio de la mente humana, un “flatus vocis”(5). A partir de ello es fácil concluir entonces que las generalizaciones, llamadas inducciones más arriba, no son del todo correctas en su mayoría, pues sería totalmente injusto llamarlas completamente erróneas en su totalidad, ya que la experiencia, por segura o real que fuere no permite generalizar(6) siempre. Por esto mismo, y considerando de momento que sí es factible, a partir de la experiencia de la observación que el hombre es una sustancia individual de naturaleza racional que está, a falta de una mejor palabra, perfectamente ordenada, entonces necesariamente existe un creador perfecto que ha ideado a esta “cosa”(7) y todas las otras “cosas” que comparten sus características más esenciales y representativas, y que por lo tanto ha sido creador de todo lo demás existente, entonces no es descabellado en lo absoluto pensar que esto es sólo un artificio de la mente, que es una conclusión un tanto apresurada y que únicamente es una premisa que sigue la tendencia natural humana, aquella fuerza humana innata de proponer leyes universales(8) aplicables a cada uno de los sujetos, una “manía” de contestar todo aquello que no puede explicar mediante la razón con un creador omnipotente y omnipresente y que, eventualmente; cuando ya todo sea explicable mediante el uso de la razón, esta práctica caerá por desuso(9).
La razón puesta en tela de juicio.
Bien se dijo al principio de este ensayo que la razón es la característica más distintiva y radical del ser humano, de modo tal que bajo el nombre de proyecto cartesiano existió una forma de mirar al mundo basada en la razón: la razón humana sería la que abriría las puertas de todo lo existente. Mediante la razón el hombre sería capaz, eventualmente, de aproximarse a la descripción, análisis, interpretación y posterior explicación de todos los aspectos de su realidad circundante, caracterizado por ésta fundarse en un sistema racional cerrado para explicar la realidad, y además al hombre mismo, con un pensamiento bastante fuerte y un gran deseo de certeza. Pero por muy perfecta que parezca esta metodología, fue puesta en tela de juicio. Muy probablemente a causa de algún o algunos acontecimientos históricos que marcaron una época, en la que quedó plasmada una imagen del ser humano de desalmado, animal, destructor o atropellador de otros seres humanos también.
La principal crítica a este sistema fue hecha por Marx, Nietzche y Freud, quienes como filósofos de sospecha, o llamados “hermeneutas de la sospecha”, redujeron aquello calificado de superior a algo inferior, esto es, le quitaron toda importancia a lo que antes se había considerado como superior: la razón humana.
Según Marx, todo lo que mueve al hombre es un afán económico. Sitúa a esta realidad cómo único motor de la historia y del hombre, como la única finalidad que hace al hombre actuar de tal o cual manera, es decir, desplaza al principal tronco del hombre, desde el uso de razón, a un afán económico. Nietzche por su parte, propugna que la idea de la igualdad –aquello que consideraremos como algo “superior”- no es más que una invención de los más débiles para protegerse de los más fuertes, y que en último caso es completamente representativa de la moral cristiana(10). Llama a que debe practicarse la moral del más fuerte, pues es más espontánea –natural- y más evidente –obvia-.
Freud, en su obra, habla que el motor del hombre y de la humanidad en general, es el apetito sexual, la libido, la que sea reprimida o suprimida, es la que finalmente decide la forma particular de actuar de una persona, aun estando interiorizada –no satisfecha- pues éste busca su forma de expresarse.
Tomando en cuenta estos aspectos, la igualdad –ese bien tan preciado- como una mera invención por parte de los esclavos o los más débiles para protegerse de los más fuertes, o considerando que la única razón por la que los seres humanos actuamos son los apetitos sexuales reprimidos o suprimidos, o bien que nos movemos sólo por intereses económicos, resulta perfectamente válido concluir que todas estas características, de fondo negativas, no son más que expresiones de una naturaleza humana de carácter no divino, de un carácter terrenal o inmanente, que representa al hombre como presa de sus instintos.
Ahora bien, puede ser refutada esta forma de mirar al hombre, a través de lo que en un principio la originó: la rebeldía. Podría pensarse que estas posturas, estas tesis, son producto de una rebeldía contra la humanidad, puede pensarse que son una respuesta al hecho que las originó en primer lugar, como la aparente falta de razón en algunos hechos particulares de la historia, bien como la frenética tendencia del hombre de acumular y acumular riquezas, muchas veces a costa de lo que sea, o bien la evidente búsqueda de placer del hombre, particularmente el placer sexual.
Todo ello hace suponer que Freud, Marx y Nietzche desarrollaron sus ideas a partir de un sentimiento de rebeldía, un impulso, algo que no está gobernado por la razón y por lo tanto que sustentó de una manera que tal vez no advirtieron, su propia teoría sobre cuál o cuáles son los aspectos más radicales y representativos de la naturaleza humana, sobre los cuales había reflexionado.
No cabe duda alguna que este es un tema, por decir lo menos, delicado, ya que toca directamente las creencias de varios cientos de personas. Para otros este es un simple ensayo más de antropología filosófica, y para otra cantidad –que ha de ser mucho menor- representa una instancia para leer y aprender más sobre esta disciplina científica tan compleja y llena de aristas que es la antropología filosófica.
Al momento de aventurarme a escribir estas líneas, lo hice con la clara intención de responderme aquella interrogante tan sublime planteada en la introducción, y sin embargo, he llegado a la triste conclusión que estamos pisando un terreno muy blando, una suerte de arenas movedizas de la antropología, que estamos trabajando con datos que aunque muchos mal llaman experiencia y que efectivamente no lo es, a partir de ella no podremos concluir nada que ya no sea conocido de antemano por esta disciplina.
Por ello es que al final descubrí que esta noble pregunta es una interrogante condenada a seguir sin respuesta, durante mucho tiempo –por no ser demasiado tajante y decir “nunca jamás”- y que hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos, filosofemos lo que filosofemos, el ser humano, en su naturaleza más representativa es y seguirá siendo una sustancia, un ente, o como sea que se le quiera llamar, dotado de una característica única en su reino, una de las armas más poderosas de la naturaleza, aunque alguno haya tenido la insolencia de llamarla “ciega, sorda, estúpida, impía y sacrílega”(11): el alma y la razón. Y si bien han aparecido varios exponentes de corrientes de pensamiento, tal vez con un afán crítico, tal vez como una rebeldía o tal vez como una forma de expresar lo que consideraban la correcta interpretación de la naturaleza humana, seguirán viniendo nuevos pensadores en los siglos venideros que, quizá en un futuro lejano o cercano, sean capaces de ponerse de acuerdo en esto.
__________________________________________
(1) Según la tradición aristotélica.
(2)Tómese como usar un aspecto particular y a partir de ello considerarlo como general.
(3)Tal es el caso de los silogismos: Si A>B, y B>C, entonces necesariamente A>C.
(4)Leonardo Da Vinci (1452 – 1519)
(5,8)Guillermo de Ockham (1285-1349) (?)
(6)Cabe aquí señalar que me refiero a las generalizaciones acerca de la naturaleza humana, ya que es indiscutible una generalización matemática, como la mencionada en (3).
(7)Tómese “cosa” como el concepto acuñado por R. Descartes: Cosa como sustancia material, corpórea. Extensa y pensante. (Res extensa – Res cogitans)
(9) Marx, K.
(10)“La moral cristiana es una moral de esclavos”
(11)Lutero, M., Sobre la libertad esclava – Luther Werke.
Bien sabemos que la vida, o mejor dicho, el acontecer mundano está lleno de preguntas de toda índole, para las que han nacido una buena cantidad de metodologías para aproximarse a su descripción, análisis, interpretación y posterior explicación. En el minuto que un hombre se pregunta sobre cómo es que funcionan sus pulmones, por ejemplo, ya conoce a qué disciplina dirigirse para obtener una respuesta: La biología. Simultáneamente o no, seguramente alguien se está preguntando sobre, por ejemplo, cómo es que los planetas de millones de toneladas de masa giran en torno a otro astro inmensamente más grande y lejano, en un ciclo infinito y perfecto, pregunta para la cual también sabe a qué disciplina dirigirse: La física, disciplinas que se han denominado “ciencias empíricas, objetivas o positivas” Pero ¿y qué de aquél que se pregunta sobre qué es el hombre, cómo reducir aquella perfecta, por decir lo menos, y majestuosa unión entre cuerpo y alma plasmada en un ser tan perfecto e imperfecto a la vez, como el ser humano? ¿Cómo y quién le responde tal magnífica interrogante que ha cautivado a el mundo entero por siglos? La respuesta parece ser inmediata, trivial; y lo es: La antropología filosófica. Esta disciplina científica pretende ser un conocimiento objetivo del ser humano, que alcance certezas básicas, y que no lo haga únicamente mediante un estudio ordenado de los hechos de la realidad, cual espejo que sólo refleja en forma completamente “pasiva” lo que ocurre. Busca, asimismo, lograr entregar una imagen unitaria, completa, del ser humano, recogiendo los principales aportes de aquellas ciencias particulares u objetivas, y de otros ámbitos de la cultura, coordinándolos y reflexionando sobre su alcance con ayuda de la lógica y de la filosofía de la ciencia.
A lo largo de este ensayo intentaré dar una respuesta a una pregunta que ha tenido su origen tal como han nacido todas las demás: por un vacío. Si en algún momento alguien quiso saber cómo es que funcionan sus pulmones, o cómo es que los planetas de millones de toneladas de masa giran en torno a otros inmensamente más grandes y lejanos, fue porque este sujeto no sabía como es que ocurría aquello, y quiso llenar aquél vacío que lo aquejaba, pues, el ser humano desea por naturaleza saber, es decir, ama el conocer por sí mismo y, por ello, está abierto al conocimiento de todo lo real. “El hombre es por naturaleza filósofo”(1). Igualmente me ha sucedido con esta pregunta: nació como una necesidad de responder, de llenar un vacío, no sólo de saber, sino encontrar la respuesta a la pregunta ¿de dónde venimos?... siendo el hombre una sustancia individual de naturaleza racional, ordenado aparentemente con una intencionalidad, una finalidad, en un microcosmos; ¿Podemos por lo tanto atribuirle necesariamente tal disposición a un ser superior? Interesante es, pues, la forma en que la antropología filosófica, mediante varios brillantes exponentes, intentan acercarse a una forma correcta de interpretar esto, a partir de sus métodos y formas, y que espero me permitan llegar a alguna conclusión al final de este ensayo.
Un vago intento de acercamiento.
De acuerdo a lo que hemos llamado el “ideal clásico de la Antropología”, ésta busca el reconocimiento de las características radicales del ser humano, fundándose en la naturaleza humana, reconociéndolas en las distintas manifestaciones sensibles y contingentes, trascendiéndolas para alcanzar lo universal, esto es, buscar conocer cada una de las características más distintivas y especiales del ser humano, verlas y captarlas a través de las manifestaciones presentes en el hombre, y en un sentido, inducirlas como universales, representativas de la naturaleza humana. Ahora bien, esta parece una magnífica manera de acercarse a aquella pregunta planteada más arriba, un método que se basa prácticamente en la experiencia, sin embargo, está perfectamente claro que a través de la experiencia y la inteligencia humana se pueden inducir(2) correctamente características perfectamente representativas(3) de la naturaleza humana, que se pueden tomar como generales a partir de observarlas en un solo, o un grupo representativo de hombres, mas, a partir de esta misma experiencia, llamada la madre de todas las ciencias(4), hay un detalle, una simple característica que no puede ser inducida, deducida o inteligida de ninguna forma que sea completamente verificable por la práctica en modo alguno: la naturaleza divina del hombre, como una criatura nacida de manos de un ser superior, con una intención perfectamente establecida para ella. Además, a partir de la razón e inteligencia, y partiendo de la base de estas manifestaciones sensibles y contingentes de la experiencia humana, podríamos llegar fácilmente a conclusiones que nuestra mente considera como universales o representativas de la naturaleza humana, pero que realmente no lo son, sino que resultan ser sólo un artificio de la mente humana, un “flatus vocis”(5). A partir de ello es fácil concluir entonces que las generalizaciones, llamadas inducciones más arriba, no son del todo correctas en su mayoría, pues sería totalmente injusto llamarlas completamente erróneas en su totalidad, ya que la experiencia, por segura o real que fuere no permite generalizar(6) siempre. Por esto mismo, y considerando de momento que sí es factible, a partir de la experiencia de la observación que el hombre es una sustancia individual de naturaleza racional que está, a falta de una mejor palabra, perfectamente ordenada, entonces necesariamente existe un creador perfecto que ha ideado a esta “cosa”(7) y todas las otras “cosas” que comparten sus características más esenciales y representativas, y que por lo tanto ha sido creador de todo lo demás existente, entonces no es descabellado en lo absoluto pensar que esto es sólo un artificio de la mente, que es una conclusión un tanto apresurada y que únicamente es una premisa que sigue la tendencia natural humana, aquella fuerza humana innata de proponer leyes universales(8) aplicables a cada uno de los sujetos, una “manía” de contestar todo aquello que no puede explicar mediante la razón con un creador omnipotente y omnipresente y que, eventualmente; cuando ya todo sea explicable mediante el uso de la razón, esta práctica caerá por desuso(9).
La razón puesta en tela de juicio.
Bien se dijo al principio de este ensayo que la razón es la característica más distintiva y radical del ser humano, de modo tal que bajo el nombre de proyecto cartesiano existió una forma de mirar al mundo basada en la razón: la razón humana sería la que abriría las puertas de todo lo existente. Mediante la razón el hombre sería capaz, eventualmente, de aproximarse a la descripción, análisis, interpretación y posterior explicación de todos los aspectos de su realidad circundante, caracterizado por ésta fundarse en un sistema racional cerrado para explicar la realidad, y además al hombre mismo, con un pensamiento bastante fuerte y un gran deseo de certeza. Pero por muy perfecta que parezca esta metodología, fue puesta en tela de juicio. Muy probablemente a causa de algún o algunos acontecimientos históricos que marcaron una época, en la que quedó plasmada una imagen del ser humano de desalmado, animal, destructor o atropellador de otros seres humanos también.
La principal crítica a este sistema fue hecha por Marx, Nietzche y Freud, quienes como filósofos de sospecha, o llamados “hermeneutas de la sospecha”, redujeron aquello calificado de superior a algo inferior, esto es, le quitaron toda importancia a lo que antes se había considerado como superior: la razón humana.
Según Marx, todo lo que mueve al hombre es un afán económico. Sitúa a esta realidad cómo único motor de la historia y del hombre, como la única finalidad que hace al hombre actuar de tal o cual manera, es decir, desplaza al principal tronco del hombre, desde el uso de razón, a un afán económico. Nietzche por su parte, propugna que la idea de la igualdad –aquello que consideraremos como algo “superior”- no es más que una invención de los más débiles para protegerse de los más fuertes, y que en último caso es completamente representativa de la moral cristiana(10). Llama a que debe practicarse la moral del más fuerte, pues es más espontánea –natural- y más evidente –obvia-.
Freud, en su obra, habla que el motor del hombre y de la humanidad en general, es el apetito sexual, la libido, la que sea reprimida o suprimida, es la que finalmente decide la forma particular de actuar de una persona, aun estando interiorizada –no satisfecha- pues éste busca su forma de expresarse.
Tomando en cuenta estos aspectos, la igualdad –ese bien tan preciado- como una mera invención por parte de los esclavos o los más débiles para protegerse de los más fuertes, o considerando que la única razón por la que los seres humanos actuamos son los apetitos sexuales reprimidos o suprimidos, o bien que nos movemos sólo por intereses económicos, resulta perfectamente válido concluir que todas estas características, de fondo negativas, no son más que expresiones de una naturaleza humana de carácter no divino, de un carácter terrenal o inmanente, que representa al hombre como presa de sus instintos.
Ahora bien, puede ser refutada esta forma de mirar al hombre, a través de lo que en un principio la originó: la rebeldía. Podría pensarse que estas posturas, estas tesis, son producto de una rebeldía contra la humanidad, puede pensarse que son una respuesta al hecho que las originó en primer lugar, como la aparente falta de razón en algunos hechos particulares de la historia, bien como la frenética tendencia del hombre de acumular y acumular riquezas, muchas veces a costa de lo que sea, o bien la evidente búsqueda de placer del hombre, particularmente el placer sexual.
Todo ello hace suponer que Freud, Marx y Nietzche desarrollaron sus ideas a partir de un sentimiento de rebeldía, un impulso, algo que no está gobernado por la razón y por lo tanto que sustentó de una manera que tal vez no advirtieron, su propia teoría sobre cuál o cuáles son los aspectos más radicales y representativos de la naturaleza humana, sobre los cuales había reflexionado.
No cabe duda alguna que este es un tema, por decir lo menos, delicado, ya que toca directamente las creencias de varios cientos de personas. Para otros este es un simple ensayo más de antropología filosófica, y para otra cantidad –que ha de ser mucho menor- representa una instancia para leer y aprender más sobre esta disciplina científica tan compleja y llena de aristas que es la antropología filosófica.
Al momento de aventurarme a escribir estas líneas, lo hice con la clara intención de responderme aquella interrogante tan sublime planteada en la introducción, y sin embargo, he llegado a la triste conclusión que estamos pisando un terreno muy blando, una suerte de arenas movedizas de la antropología, que estamos trabajando con datos que aunque muchos mal llaman experiencia y que efectivamente no lo es, a partir de ella no podremos concluir nada que ya no sea conocido de antemano por esta disciplina.
Por ello es que al final descubrí que esta noble pregunta es una interrogante condenada a seguir sin respuesta, durante mucho tiempo –por no ser demasiado tajante y decir “nunca jamás”- y que hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos, filosofemos lo que filosofemos, el ser humano, en su naturaleza más representativa es y seguirá siendo una sustancia, un ente, o como sea que se le quiera llamar, dotado de una característica única en su reino, una de las armas más poderosas de la naturaleza, aunque alguno haya tenido la insolencia de llamarla “ciega, sorda, estúpida, impía y sacrílega”(11): el alma y la razón. Y si bien han aparecido varios exponentes de corrientes de pensamiento, tal vez con un afán crítico, tal vez como una rebeldía o tal vez como una forma de expresar lo que consideraban la correcta interpretación de la naturaleza humana, seguirán viniendo nuevos pensadores en los siglos venideros que, quizá en un futuro lejano o cercano, sean capaces de ponerse de acuerdo en esto.
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(1) Según la tradición aristotélica.
(2)Tómese como usar un aspecto particular y a partir de ello considerarlo como general.
(3)Tal es el caso de los silogismos: Si A>B, y B>C, entonces necesariamente A>C.
(4)Leonardo Da Vinci (1452 – 1519)
(5,8)Guillermo de Ockham (1285-1349) (?)
(6)Cabe aquí señalar que me refiero a las generalizaciones acerca de la naturaleza humana, ya que es indiscutible una generalización matemática, como la mencionada en (3).
(7)Tómese “cosa” como el concepto acuñado por R. Descartes: Cosa como sustancia material, corpórea. Extensa y pensante. (Res extensa – Res cogitans)
(9) Marx, K.
(10)“La moral cristiana es una moral de esclavos”
(11)Lutero, M., Sobre la libertad esclava – Luther Werke.
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
lunes, 24 de abril de 2006
Deja vú... ¿destino o no?
Hoy me ocurrió algo muy extraño… yo diría que hacía semanas, incluso meses, que no me ocurría algo así, y fue, dentro de todo, una experiencia bastante rica, interesante y gratificante.
Me tocó salir… a eso de las 7 de la tarde con mis viejos a la farmacia. Todo estaba bien… tacos, luces, semáforos en rojo, señores cruzando en medio de la cuadra como elefantes recién fugados del zoológico, y ese frío suave, en que casi te da gusto andar con polera de noche… casi para comprarse un helado.
Bueno, nos estacionamos en una SHELL, porque al lado estaba la farmacia.. y para mi sorpresa, al bajarme, siento algo. Miré hacia delante y veo algo familiar… algo que me hizo recordar. No fueron solo las imágenes plasmadas ante mí, sino también la atmósfera… la luz, el frío, en fin: todo.
Casi podía escuchar los mismos sonidos de antes… ¿qué estaba pasando?... quizá es mi inconsciente haciéndome ver algo… no sé.
Algunas veces pienso que el destino… un poder superior o no sé que me está tratando de decir algo. No sé… son cosas mías, creo. Como en las películas en que el protagonista ve en cada esquina algo que quiere evitar… Bueno. Yo no lo quiero evitar, pero me está pasando lo mismo. En cada esquina veo, de un modo u otro, Antofagasta. Cada día algo me recuerda ese lugar, esas vivencias, y más específicamente hoy. Hoy fue una revelación… me sentí como si estuviera allá… respirando ese mismo aire fresco… y mi estómago crujió… mariposas allí dentro… qué sé yo. Me sentía extraño, raro, exaltado y ansioso… feliz y triste a la vez…
Creo que es el destino… llamándome. Llevándome hacia un lugar que debí haber ido hace mucho tiempo.
Más vale tarde que nunca.
Saludos Jose, TQM.
Me tocó salir… a eso de las 7 de la tarde con mis viejos a la farmacia. Todo estaba bien… tacos, luces, semáforos en rojo, señores cruzando en medio de la cuadra como elefantes recién fugados del zoológico, y ese frío suave, en que casi te da gusto andar con polera de noche… casi para comprarse un helado.
Bueno, nos estacionamos en una SHELL, porque al lado estaba la farmacia.. y para mi sorpresa, al bajarme, siento algo. Miré hacia delante y veo algo familiar… algo que me hizo recordar. No fueron solo las imágenes plasmadas ante mí, sino también la atmósfera… la luz, el frío, en fin: todo.
Casi podía escuchar los mismos sonidos de antes… ¿qué estaba pasando?... quizá es mi inconsciente haciéndome ver algo… no sé.
Algunas veces pienso que el destino… un poder superior o no sé que me está tratando de decir algo. No sé… son cosas mías, creo. Como en las películas en que el protagonista ve en cada esquina algo que quiere evitar… Bueno. Yo no lo quiero evitar, pero me está pasando lo mismo. En cada esquina veo, de un modo u otro, Antofagasta. Cada día algo me recuerda ese lugar, esas vivencias, y más específicamente hoy. Hoy fue una revelación… me sentí como si estuviera allá… respirando ese mismo aire fresco… y mi estómago crujió… mariposas allí dentro… qué sé yo. Me sentía extraño, raro, exaltado y ansioso… feliz y triste a la vez…
Creo que es el destino… llamándome. Llevándome hacia un lugar que debí haber ido hace mucho tiempo.
Más vale tarde que nunca.
Saludos Jose, TQM.
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
sábado, 22 de abril de 2006
Chile en 212 palabras
¿Quién de ustedes viaja al menos cinco veces por semana en el metro?... yo creo que muchos, y me atrevo a decir que; salvo esas afortunadas excepciones que tienen la suerte de vivir a centímetros de la universidad; todos mis compañeros lo hacen. Ahora, ¿quién de ustedes se ha puesto a leer esos gigantes afiches del santiago en cien palabras?... el “Cuesco status quo” o la “Vedette celestial” o la “pena remitida” o tantos otros cuentos que nos entretienen durante esos largos viajes hacia nuestro campus…
¿No deja de sorprender, acaso, que la mayoría de estos cuentos cortos traten acerca de delincuencia y pobreza? ¿Será este un grito de auxilio de una sociedad acorralada por la delincuencia y la marginalidad?... ¿o sólo el producto de un par de mentes trastocadas?...Sinceramente me parece más razonable pensar que se trata de ventanas abiertas, que miran directamente hacia ese subconsciente colectivo… un barómetro de la opinión pública. Convencido estoy que quines escribieron estos cuentos no tomaron estos temas como quien escoge una moneda desde dentro de una alcancía, pues como se ha dicho, cada escritor escribe en forma auto referente y desde este punto de vista, el santiago en cien palabras no es más que el referente de una sociedad empobrecida por la delincuencia... Un amigo mio dice por allí: "Cada personaje, cada línea de un texto, es un referente del escritor, sus vivencias y experiencias"... Ahora, gracias a mi amigo flores, puedo preguntarme ¿Si consideramos que el escritor de estas líneas es "el colectivo" entonces es acaso razonable pensar que dichos cuentos son referentes del colectivo y sus vivencias?
¿No deja de sorprender, acaso, que la mayoría de estos cuentos cortos traten acerca de delincuencia y pobreza? ¿Será este un grito de auxilio de una sociedad acorralada por la delincuencia y la marginalidad?... ¿o sólo el producto de un par de mentes trastocadas?...Sinceramente me parece más razonable pensar que se trata de ventanas abiertas, que miran directamente hacia ese subconsciente colectivo… un barómetro de la opinión pública. Convencido estoy que quines escribieron estos cuentos no tomaron estos temas como quien escoge una moneda desde dentro de una alcancía, pues como se ha dicho, cada escritor escribe en forma auto referente y desde este punto de vista, el santiago en cien palabras no es más que el referente de una sociedad empobrecida por la delincuencia... Un amigo mio dice por allí: "Cada personaje, cada línea de un texto, es un referente del escritor, sus vivencias y experiencias"... Ahora, gracias a mi amigo flores, puedo preguntarme ¿Si consideramos que el escritor de estas líneas es "el colectivo" entonces es acaso razonable pensar que dichos cuentos son referentes del colectivo y sus vivencias?
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
lunes, 17 de abril de 2006
La vuelta del hijo pródigo
El martes 12 me sucedió algo muy especial... un suceso que apeló directamente a mi conciencia, y que me hizo reflexionar sobre esa frase que a tantos de nosotros nos ha hecho cambiar de opinión respecto a algo: ¿Y si me hubiese pasado a mí?
Una hora antes de la primera prueba de análisis, decidí ir a liberar algunas tensiones a la sala de computación de bachi, y me ubiqué frente a un computador desocupado... no recuerdo bien si fui a jugar BMX o a revisar mi correo, y al girar mi cabeza hacia mi esos ultrajados puertos USB de los pc, me encuentro que hay un pen drive instalado, mirándome con una expresión de soledad y abandono.
Inmediatamente mi instinto me hizo clickear en la parte de “retirar hardware con seguridad” para después poder sacarlo, depositarlo en mi bolsillo y llevármelo a mi casa, hecho que despertó a mi conciencia como un balde de agua fría, y no me dejó siquiera dormir:
...“¿Cómo pudiste?... ¿no te da vergüenza?... ¿y si te hubiera pasado a ti?... debiera darte vergüenza... probablemente hay alguien desesperado por su pen drive y tu, allí relajado con la wea en el bolsillo, ¿no sientes algo?... Yo diría que eso es robar”...
Todo esto me llevó, el día jueves 13 (día que está de cumple la Macka), a tomar una hoja tamaño carta para impresión y escribir a mano alzada: Si perdiste tu pen drive en la sala de computación, llámame. 8317355... Luego me fui a playero y sorpresivamente (no tanto) suena mi celular.
Era Ella, la dueña del pen drive describiéndomelo con lujo de detalle para hacerme ver que ese era suyo y no me estaba tratando de engañar. Lo devolví y ella se puso muy contenta... agradecida. Casi podía oír al pen drive diciéndome gracias.
La pregunta es, en todo caso: ¿Lo hubiese devuelto de no tener mi propio pen drive?... sinceramente espero que sí. Por suerte tengo ese irritante bicho en mi mente llamado conciencia.
Una hora antes de la primera prueba de análisis, decidí ir a liberar algunas tensiones a la sala de computación de bachi, y me ubiqué frente a un computador desocupado... no recuerdo bien si fui a jugar BMX o a revisar mi correo, y al girar mi cabeza hacia mi esos ultrajados puertos USB de los pc, me encuentro que hay un pen drive instalado, mirándome con una expresión de soledad y abandono.
Inmediatamente mi instinto me hizo clickear en la parte de “retirar hardware con seguridad” para después poder sacarlo, depositarlo en mi bolsillo y llevármelo a mi casa, hecho que despertó a mi conciencia como un balde de agua fría, y no me dejó siquiera dormir:
...“¿Cómo pudiste?... ¿no te da vergüenza?... ¿y si te hubiera pasado a ti?... debiera darte vergüenza... probablemente hay alguien desesperado por su pen drive y tu, allí relajado con la wea en el bolsillo, ¿no sientes algo?... Yo diría que eso es robar”...
Todo esto me llevó, el día jueves 13 (día que está de cumple la Macka), a tomar una hoja tamaño carta para impresión y escribir a mano alzada: Si perdiste tu pen drive en la sala de computación, llámame. 8317355... Luego me fui a playero y sorpresivamente (no tanto) suena mi celular.
Era Ella, la dueña del pen drive describiéndomelo con lujo de detalle para hacerme ver que ese era suyo y no me estaba tratando de engañar. Lo devolví y ella se puso muy contenta... agradecida. Casi podía oír al pen drive diciéndome gracias.
La pregunta es, en todo caso: ¿Lo hubiese devuelto de no tener mi propio pen drive?... sinceramente espero que sí. Por suerte tengo ese irritante bicho en mi mente llamado conciencia.
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
Juan Bazofia y el barril de cerveza
Después de un par de barriles de cerveza, ya no estaba en condiciones de conducir su vehículo. Se había dado cuenta de ello después de ir al baño, cuando al tomar el jabón para lavarse las manos en el fregadero, se vio instalado en el retrete tomando algo que no era jabón. Su mente estaba haciendo zumbidos, tomando hasta el mínimo sonido para convertirlo en un insoportable martilleo en su tímpano, así que de todos modos simplemente no quería conducir.
Decidió, pues, entregarle las llaves de su queridísimo Ford Mustang a su amigo que lo acompañaba esa noche: Miguel, un hombre muy sano... no bebía alcohol de ninguna clase, era vegetariano y tenía pareja estable... una sola. Miguel, como buen hombre que era, aceptó incondicionalmente la petición de Juan y abordó el Ford, dejando a Juan dormir en el asiento acompañante.
La noche pasó muy rápidamente, entre sueños llenos de luces de colores y gritos ensordecedores... jamás hubiera despertado tan temprano, a juzgar por la luz que entraba y el olor a mermelada y quesillo fresco que había en el lugar, si no fuera por ese penetrante dolor en su abdomen y ese agudo pinchazo en su brazo izquierdo. Giró su cabeza, con un tremendo esfuerzo y un gran dolor, y una amigable enfermera de ojos verdes le dijo “Quédese quieto señor Bazofia... le vamos a poner un analgésico... Allá viene el doctor” – señaló hacia el pasillo.
¿Qué me pasó? ¿Dónde está Miguel? – preguntó Juan.
Señor Bazofia – respondió la enfermera - ¿Se ha estado tomando su medicación?... Usted sabe que no debe mezclarla con alcohol.
Llegado el doctor a la habitación, se dirigió a Juan y le dijo una frase que jamás nunca olvidaría: “Despierta, idiota”... mientras le daba una bofetada. Una voz a lo lejos... a la distancia. Era Miguel, en el bar... Juan se estaba quedando dormido de vientre sobre un barril de cerveza y un cenicero quebrado se estaba clavando en su brazo izquierdo
Decidió, pues, entregarle las llaves de su queridísimo Ford Mustang a su amigo que lo acompañaba esa noche: Miguel, un hombre muy sano... no bebía alcohol de ninguna clase, era vegetariano y tenía pareja estable... una sola. Miguel, como buen hombre que era, aceptó incondicionalmente la petición de Juan y abordó el Ford, dejando a Juan dormir en el asiento acompañante.
La noche pasó muy rápidamente, entre sueños llenos de luces de colores y gritos ensordecedores... jamás hubiera despertado tan temprano, a juzgar por la luz que entraba y el olor a mermelada y quesillo fresco que había en el lugar, si no fuera por ese penetrante dolor en su abdomen y ese agudo pinchazo en su brazo izquierdo. Giró su cabeza, con un tremendo esfuerzo y un gran dolor, y una amigable enfermera de ojos verdes le dijo “Quédese quieto señor Bazofia... le vamos a poner un analgésico... Allá viene el doctor” – señaló hacia el pasillo.
¿Qué me pasó? ¿Dónde está Miguel? – preguntó Juan.
Señor Bazofia – respondió la enfermera - ¿Se ha estado tomando su medicación?... Usted sabe que no debe mezclarla con alcohol.
Llegado el doctor a la habitación, se dirigió a Juan y le dijo una frase que jamás nunca olvidaría: “Despierta, idiota”... mientras le daba una bofetada. Una voz a lo lejos... a la distancia. Era Miguel, en el bar... Juan se estaba quedando dormido de vientre sobre un barril de cerveza y un cenicero quebrado se estaba clavando en su brazo izquierdo
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
domingo, 9 de abril de 2006
¿Viernes Santo?
Llegada la semana santa, aunque no todavía, m dediqué a pensar. Tal como lo sugiere nuestra querida iglesia católica (¬.¬) y he llegado a una conclusión que considero interesante.
Todos en este mundo buscamos un fin último, esto es, algo por lo que estaríamos dispuestos incluso a morir con tal de conseguirlo. Cada uno de nosotros acuña su propio fin último... Para aristóteles éste consistía en la felicidad, y como en la virtud se encontraba la felicidad, el fin último sería por lo tanto, actuar virtuosamente.
Otros inventan cosas como salvarse por un actuar acorde al evangelio, que sería para mi gusto, una versión no pagana (sacra) del mismo fin creado por ese grande pensador.
Para mi, en cambio, el fin último que me he propuesto es el de trascender (¿y cómo no?... si soy sólo humano) trascender de cualquier modo posible...
Me bastaría con que alguien en el año 2.349.265 recuerde mi nombre, Francisco Tapia, como el tipo qu encontró la cura del cancer, como el primer tipo que pudo viajar en el tiempo, como el primero en desarrollar una verdadera mayonesa light, o como el pobre idiota que murió atropellado por un carrito de golf... No me importa como sea, pero que sea.
Ahora bien, a causa de esta semana santa, se me ha ocurrido algo nuevo... ¿Por qué no ser recordado como el tipo que murió un viernes santo?... me refiero: ¿Quién más, aparte de Jesus, puede ostentar que murió un viernes santo?... el día en que la tierra lloró, en que los cielos se enfurecieron y toda la humanidad se salvó... ¿No sería un motivo excelente?
Todos en este mundo buscamos un fin último, esto es, algo por lo que estaríamos dispuestos incluso a morir con tal de conseguirlo. Cada uno de nosotros acuña su propio fin último... Para aristóteles éste consistía en la felicidad, y como en la virtud se encontraba la felicidad, el fin último sería por lo tanto, actuar virtuosamente.
Otros inventan cosas como salvarse por un actuar acorde al evangelio, que sería para mi gusto, una versión no pagana (sacra) del mismo fin creado por ese grande pensador.
Para mi, en cambio, el fin último que me he propuesto es el de trascender (¿y cómo no?... si soy sólo humano) trascender de cualquier modo posible...
Me bastaría con que alguien en el año 2.349.265 recuerde mi nombre, Francisco Tapia, como el tipo qu encontró la cura del cancer, como el primer tipo que pudo viajar en el tiempo, como el primero en desarrollar una verdadera mayonesa light, o como el pobre idiota que murió atropellado por un carrito de golf... No me importa como sea, pero que sea.
Ahora bien, a causa de esta semana santa, se me ha ocurrido algo nuevo... ¿Por qué no ser recordado como el tipo que murió un viernes santo?... me refiero: ¿Quién más, aparte de Jesus, puede ostentar que murió un viernes santo?... el día en que la tierra lloró, en que los cielos se enfurecieron y toda la humanidad se salvó... ¿No sería un motivo excelente?
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
sábado, 8 de abril de 2006
Materia equivocada.
Era un nuevo día, un típico día en su vida escolar. Se había levantado, para variar, como media hora más tarde, y por esas cosas de la vida, esas siempre tan exactas leyes de Murphy, la tetera tardaba mucho más de lo habitual en hervir, la ducha se demoraba demasiado en llegar a la temperatura ideal, y el jumper, mágicamente; o por arte de un duende o demonio oculto en el closet o debajo de la cama, se había cambiado de lugar. Ya no estaba totalmente arrugado, como una hoja de repollo añejo, sobre la mesa de noche, tampoco estaba debidamente colgado en el closet, sino que estaba dentro de una caja con llave, en la última habitación al final del pasillo, también con llave, y misteriosamente la caja estaba dentro de un baúl. Ella se preguntaba, mientras refunfuñaba y corría por el pasillo, semidesnuda, cómo diablos había hecho eso el jumper. “¿Cómo, si yo lo dejé en mi mesa?” Eso ya no importaba, era hora ya de recuperar los valiosos minutos perdidos en la ardua búsqueda, para no llegar atrasada otra vez al colegio, porque de lo contrario la iban a citar a las 07:45 a.m.
Rápidamente, y al no poder abrir esa condenada caja, decidió inmediatamente usar ropa normal, una polera verde, con jeans y sus zapatillas favoritas. “¡Un justificativo!, es lo único que me falta.” Se puso rápidamente todas sus ropas, y metió todos sus cuadernos completamente al azar dentro del bolso: Uno de biología, de matemáticas y uno de física, y ¡OH!, cómo odiaba la física… “¿Para qué demonios me sirve saber la velocidad media de una bala de masa?... ¿Acaso me ayuda a ser mejor persona?... o ¿Podría, en una situación extrema, arrancar de una bala de masa ; suponiendo que la energía cinética se conserva, si me disparasen?” La verdad es que no era el momento de discutir aquello, tampoco el lugar. Ya se estaba haciendo tarde, y Francisca ya estaba muy atrasada, demasiado atrasada como para hacer ese tipo de reflexiones, ya era hora de pedirle un justificativo a su madre. Lamentablemente, o tal vez afortunadamente, la mamá de Francisca no estaba en la casa, tampoco estaba preparándole el desayuno, y mucho menos en el patio, a las 7:30 de la madrugada, ya que el frío era demasiado intenso como para soportarlo.
Rápidamente, a una velocidad media que ella jamás se había imaginado podría alcanzar, corrió por las calles y pasajes, esquivó perros, abuelitas y abuelitos que, sin explicación, suelen levantarse muy temprano en la mañana. Llegada al colegio, mágicamente a tres minutos y medio de sonar el timbre, respiró aliviada, muy relajada y tranquila, porque ya todo parecía normal. Se dio un par de minutos para recuperar el aliento, mientras observaba a sus compañeras, como algunas se agrupaban como automáticamente, tal como dos imanes de carga opuesta. Otras, sin embargo, parecían generar un campo eléctrico, o gravitacional, o quizá de qué tipo, que repelían a la distancia a otras. Era como si estuviera e presencia de aceite y agua.
Todo era parte de la rutina normal y cotidiana en el colegio, pero algo pasó. Algo extremadamente bizarro, algo que no tenía explicación, y que hizo a Francisca sentirse como fuera de este mundo, como si se hubiese tele transportado de la noche a la mañana, a un universo paralelo. Cuando hubo recuperado el aire, comenzó a caminar hacia la fila, cuando una voz le sonó conocida: Era el director, que pronunciaba una frase que hasta el día de hoy está impresa en el cerebro de Fran: “Las notas de física están súper malas”… ¿Qué tendría eso que ver conmigo?.
Si hubo algo que le llamó aún más profundamente la atención, fue el hecho que nadie, absolutamente nadie, hizo comentario alguno acerca de su vestimenta. Ni un “Oye, barsa, ¿por qué viniste así?” tampoco un miserable “Te olvidaste de planchar el jumper”, ni tampoco la estúpida pregunta típica de un chileno imbécil: “¿Viniste con ropa de calle?” nada de eso. Nadie hizo un solo alcance sobre su ropa, y eso era en extremo anormal, dadas las personalidades de todas sus compañeras de clase, que extrañamente también, hacían toda clase de comentarios acerca de que Fran se había formado en la fila. Parecían enteramente extrañadas, sorprendidas.
Decidió, Fran, ignorarlo, y a medida que la fila avanzaba a la sala Nº 209, tomó la iniciativa de ir al baño, ya que no había ningún profesor o profesora a quien pedirle permiso.
Llegada a la sala, a penas ingresó, todas sus compañeras se pusieron de pie… y eso no fue todo: Todas dijeron, al unísono, “Buenos días, profesora”... … (¡¡¿¿Qué??!!) – Pensó Fran. Sí, ella era la profesora, ella tenía que hacer la clase, frente a todas sus compañeras, sobre quizá qué cosa. Y efectivamente, ese día era lunes, eran las 8:30 a.m. y eso significaba una sola cosa… quizá por miedo, o por rabia, no quiso hacer el esfuerzo de pensar, pero era inevitable, por más que intentara evadirlo no podía, y es que Fran se había transformado, misteriosa, mágica o diabólicamente en la profesora de Física.
Rápidamente, y al no poder abrir esa condenada caja, decidió inmediatamente usar ropa normal, una polera verde, con jeans y sus zapatillas favoritas. “¡Un justificativo!, es lo único que me falta.” Se puso rápidamente todas sus ropas, y metió todos sus cuadernos completamente al azar dentro del bolso: Uno de biología, de matemáticas y uno de física, y ¡OH!, cómo odiaba la física… “¿Para qué demonios me sirve saber la velocidad media de una bala de masa
Rápidamente, a una velocidad media que ella jamás se había imaginado podría alcanzar, corrió por las calles y pasajes, esquivó perros, abuelitas y abuelitos que, sin explicación, suelen levantarse muy temprano en la mañana. Llegada al colegio, mágicamente a tres minutos y medio de sonar el timbre, respiró aliviada, muy relajada y tranquila, porque ya todo parecía normal. Se dio un par de minutos para recuperar el aliento, mientras observaba a sus compañeras, como algunas se agrupaban como automáticamente, tal como dos imanes de carga opuesta. Otras, sin embargo, parecían generar un campo eléctrico, o gravitacional, o quizá de qué tipo, que repelían a la distancia a otras. Era como si estuviera e presencia de aceite y agua.
Todo era parte de la rutina normal y cotidiana en el colegio, pero algo pasó. Algo extremadamente bizarro, algo que no tenía explicación, y que hizo a Francisca sentirse como fuera de este mundo, como si se hubiese tele transportado de la noche a la mañana, a un universo paralelo. Cuando hubo recuperado el aire, comenzó a caminar hacia la fila, cuando una voz le sonó conocida: Era el director, que pronunciaba una frase que hasta el día de hoy está impresa en el cerebro de Fran: “Las notas de física están súper malas”… ¿Qué tendría eso que ver conmigo?.
Si hubo algo que le llamó aún más profundamente la atención, fue el hecho que nadie, absolutamente nadie, hizo comentario alguno acerca de su vestimenta. Ni un “Oye, barsa, ¿por qué viniste así?” tampoco un miserable “Te olvidaste de planchar el jumper”, ni tampoco la estúpida pregunta típica de un chileno imbécil: “¿Viniste con ropa de calle?” nada de eso. Nadie hizo un solo alcance sobre su ropa, y eso era en extremo anormal, dadas las personalidades de todas sus compañeras de clase, que extrañamente también, hacían toda clase de comentarios acerca de que Fran se había formado en la fila. Parecían enteramente extrañadas, sorprendidas.
Decidió, Fran, ignorarlo, y a medida que la fila avanzaba a la sala Nº 209, tomó la iniciativa de ir al baño, ya que no había ningún profesor o profesora a quien pedirle permiso.
Llegada a la sala, a penas ingresó, todas sus compañeras se pusieron de pie… y eso no fue todo: Todas dijeron, al unísono, “Buenos días, profesora”... … (¡¡¿¿Qué??!!) – Pensó Fran. Sí, ella era la profesora, ella tenía que hacer la clase, frente a todas sus compañeras, sobre quizá qué cosa. Y efectivamente, ese día era lunes, eran las 8:30 a.m. y eso significaba una sola cosa… quizá por miedo, o por rabia, no quiso hacer el esfuerzo de pensar, pero era inevitable, por más que intentara evadirlo no podía, y es que Fran se había transformado, misteriosa, mágica o diabólicamente en la profesora de Física.
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
Una sonrisa, dame sólo una sonrisa
Aquél podría perfectamente ser un día más en su rutinaria vida, había ocurrido tal y como el resto, en una suerte de letargo sinérgico que, por extraño y difícil que pudiera parecer, solía disfrutarlo de una manera casi patológica. Sin embargo, esta vez había algo diferente, algo perfectamente extraño en esta jornada, prácticamente imperceptible. Una sensación que le hacía sentir que ese día rompería su rutina de una manera jamás antes imaginada por él, y aunque debiera parecerle interesante, incluso llegaba a erizarle la piel de todo el cuerpo.
Aun así, luego de sentir tal extraña mezcla de ansiedad y tranquilidad, pensó que tal vez todo era producto de su imaginación, y que algún sueño que no recordaba o algún recuerdo de esos que se esconden en lo más profundo de nuestro subconsciente lo tenía así. Tomó entonces las llaves de su casa que estaban, como de costumbre, sobre la mesita junto a la puerta de entrada, a unos metros de la ventana principal, y salió rápidamente a la calle.
Afuera el sol y la temperatura eran perfectas, todo fluía de una manera suave y tranquila, casi idílica, y eso indudablemente lo tranquilizó bastante. Luego de caminar por un par de horas, se halló en medio de una calle muy concurrida a esa hora, y aunque ya la había visto en varias oportunidades, pensó que el estar allí a esa hora del día tenía algo que ver con su destino, que una razón mayor lo había puesto allí con una intención determinada que no valía la pena preguntársela, sino sólo dejarse llevar por ella, pues tenía perfectamente claro que intentar evitarlo solamente empeoraría las cosas.
Mientras caminaba, a paso muy lento, tan lento como su diminuta paciencia le permitía, observaba los rostros de la gente extraña caminando por allí. Hombres y mujeres de todas las edades circulaban, todos como absortos mirando al horizonte, sin embargo hubo, entre los cientos que pasaban, uno especial. Más que un simple rostro. Había visto una mujer. Una mujer de una belleza impresionante, enmudecedora, que casi podía llorar. Su cabello se veía como si alguien la hubiese escogido desde lo alto y la iluminase solo a ella, desprendiendo un brillo suave y claro, tal como en las películas que él tanto amaba. Se quedó mirándola al tiempo que caminaba mientras se percataba que todo iba en cámara lenta. Se preguntaba una y mil cosas. ¿Cuál será su nombre? ¿Qué afortunado hombre será quien bese tan deseables labios? Profundamente atraído por la belleza de sus ojos verdes, cuando de pronto ocurrió algo memorable, algo que de seguro recordaría hasta el último de sus días en esta tierra: Ella devolvió la mirada, cruzando su vista a la suya, al tiempo que mostraba una amplia sonrisa enmarcada por unos labios tan rojos como una manzana recién cosechada, la sonrisa más bella, grande y brillante que jamás había visto. Fue cuando acabó de darse cuenta que la razón mayor que lo tenía allí tenía que ver con esa mujer.
Muy claro tenía que no debía quitarle la vista de encima, pues ello aumentaba las posibilidades de cruzar palabras con ella, hasta que sus rumbos se cruzaron, pero ella siguió de largo. Él no le quitaba la vista de encima, giró la cabeza y ella también al tiempo que le ofrecía su sonrisa, pero de pronto todo se puso negro. Ya no podía ver más esa dulce sonrisa que tanto le gustó y cautivó. Gritos... sirenas... luces... la gente se agolpó como de costumbre, como si hubiera alguna entretención callejera que mirar, sin embargo lo único allí había era el cuerpo sin vida de aquél hombre que había cambiado su rutina, había finalizado su existencia con una sonrisa enmarcada por sus labios rojos, cubiertos de su propia sangre.
Aun así, luego de sentir tal extraña mezcla de ansiedad y tranquilidad, pensó que tal vez todo era producto de su imaginación, y que algún sueño que no recordaba o algún recuerdo de esos que se esconden en lo más profundo de nuestro subconsciente lo tenía así. Tomó entonces las llaves de su casa que estaban, como de costumbre, sobre la mesita junto a la puerta de entrada, a unos metros de la ventana principal, y salió rápidamente a la calle.
Afuera el sol y la temperatura eran perfectas, todo fluía de una manera suave y tranquila, casi idílica, y eso indudablemente lo tranquilizó bastante. Luego de caminar por un par de horas, se halló en medio de una calle muy concurrida a esa hora, y aunque ya la había visto en varias oportunidades, pensó que el estar allí a esa hora del día tenía algo que ver con su destino, que una razón mayor lo había puesto allí con una intención determinada que no valía la pena preguntársela, sino sólo dejarse llevar por ella, pues tenía perfectamente claro que intentar evitarlo solamente empeoraría las cosas.
Mientras caminaba, a paso muy lento, tan lento como su diminuta paciencia le permitía, observaba los rostros de la gente extraña caminando por allí. Hombres y mujeres de todas las edades circulaban, todos como absortos mirando al horizonte, sin embargo hubo, entre los cientos que pasaban, uno especial. Más que un simple rostro. Había visto una mujer. Una mujer de una belleza impresionante, enmudecedora, que casi podía llorar. Su cabello se veía como si alguien la hubiese escogido desde lo alto y la iluminase solo a ella, desprendiendo un brillo suave y claro, tal como en las películas que él tanto amaba. Se quedó mirándola al tiempo que caminaba mientras se percataba que todo iba en cámara lenta. Se preguntaba una y mil cosas. ¿Cuál será su nombre? ¿Qué afortunado hombre será quien bese tan deseables labios? Profundamente atraído por la belleza de sus ojos verdes, cuando de pronto ocurrió algo memorable, algo que de seguro recordaría hasta el último de sus días en esta tierra: Ella devolvió la mirada, cruzando su vista a la suya, al tiempo que mostraba una amplia sonrisa enmarcada por unos labios tan rojos como una manzana recién cosechada, la sonrisa más bella, grande y brillante que jamás había visto. Fue cuando acabó de darse cuenta que la razón mayor que lo tenía allí tenía que ver con esa mujer.
Muy claro tenía que no debía quitarle la vista de encima, pues ello aumentaba las posibilidades de cruzar palabras con ella, hasta que sus rumbos se cruzaron, pero ella siguió de largo. Él no le quitaba la vista de encima, giró la cabeza y ella también al tiempo que le ofrecía su sonrisa, pero de pronto todo se puso negro. Ya no podía ver más esa dulce sonrisa que tanto le gustó y cautivó. Gritos... sirenas... luces... la gente se agolpó como de costumbre, como si hubiera alguna entretención callejera que mirar, sin embargo lo único allí había era el cuerpo sin vida de aquél hombre que había cambiado su rutina, había finalizado su existencia con una sonrisa enmarcada por sus labios rojos, cubiertos de su propia sangre.
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
jueves, 6 de abril de 2006
Trip back to the roots
Ya, lo decidí.
En el invierno se hará, tomará lugar el viaje más importante de toda mi vida, creo.
Fue hace 3 años que llegué allá. Había hecho una vida social que incluso hoy podría considerar envidiable... todo marchaba perfectamente, porque estaba estudiando lo que crei que era la carrera de mi vida, lo que crei que sería mi quehacer diario hasta mi último día en este planeta, y en ese entonces era mi mundo...
Dentro de mi timidez, tan típica de un adolescente lleno de espinillas, logré conocer a una persona muy pero muy especial. Con ella compartía muchas experiencias, horas de estudio, música, conversaciones, viajes a casas de compañeros y muchas horas de micro y calle, además de compartir la sala de clases con quien es mi mejor amigo, vecino y compañero de curso desde 5° básico: El Beto.
Pero la vida nos utiliza, a veces sin piedad y otras sin vergüenza. Un día domingo, cerca de las 10:00 am algo ocurrió. Un incidente que cambiaría el curso de mi vida completamente, y esto lo digo en forma absolutamente literal. Ese día mi vida cambió para siempre. Luego de este incidente, cuyos detalles no me parece importante recalcar acá, tuve que interrumpir mis estudios de Medicina, mis tan queridos "informes de laboratorio de biofísica" con la Jose y el Vladi, mis visitas a la casa de momo, mis compras en el infante y mis tan entretenidos y malolientes laboratorios de anatomía (que eran los miércoles a las 3:00 pm, tan cagado no estoy) y cambiarlos, sin pensarlo ni quererlo, por una camilla de hospital, por grandes dosis de nitroglicerina endovenosa (y los dolores de cabeza!... oh!), por una conciencia funcionando a no más del 10%, y un terrible miedo al fin, a la muerte.
Debo decirlo, ayer no me parecía tan cierto, pero hoy sí: Todo sucede por algo, y la vida es un enorme libro que se escribe capítulo a capítulo, y como dice un amigo por allí, el gran escritor es uno mismo. Quizá este viaje me sirva de cierre, para cerrar uno de los capítulos más felices en mi vida (después de hoy) que fue muy corto, pero que me hizo darme cuenta de una de las frases más ciertas que he escuchado: (no es la de que todo lo que sube tiene que bajar) "Uno jamás valora lo que tiene, hasta que lo pierde"
Como dije, este viaje quizá me sirva de cierre de capítulo, que es lo que menos quiero. Quiero viajar y ver a mis viejos amigos, a esos lugares que encontraba tan feos y hostiles. Quiero volver a lo que creo que se llamaba "Parque Brasil" y caminar de noche, con mi chela bajo el brazo y mi querida amiga Jose a mi lado, quiero repetir y vivir todo lo que me he perdido con ella y con los demás, pero por sobre todo, quiero darle un fuerte y apretado abrazo a quien más me hace recordar todo esto, a quien más he extrañado de todos, quien más tiempo me dedicó para forjar lo que hoy considero una linda amistad: Joselyn R.
Jose: Siempre te he tenido mucho cariño, y es impresionante la cantidad de emociones indescriptibles que el solo hecho de imaginarme allá me evoca. Si te prometí que iría, lo haré. TQM.
Pancho.
En el invierno se hará, tomará lugar el viaje más importante de toda mi vida, creo.
Fue hace 3 años que llegué allá. Había hecho una vida social que incluso hoy podría considerar envidiable... todo marchaba perfectamente, porque estaba estudiando lo que crei que era la carrera de mi vida, lo que crei que sería mi quehacer diario hasta mi último día en este planeta, y en ese entonces era mi mundo...
Dentro de mi timidez, tan típica de un adolescente lleno de espinillas, logré conocer a una persona muy pero muy especial. Con ella compartía muchas experiencias, horas de estudio, música, conversaciones, viajes a casas de compañeros y muchas horas de micro y calle, además de compartir la sala de clases con quien es mi mejor amigo, vecino y compañero de curso desde 5° básico: El Beto.
Pero la vida nos utiliza, a veces sin piedad y otras sin vergüenza. Un día domingo, cerca de las 10:00 am algo ocurrió. Un incidente que cambiaría el curso de mi vida completamente, y esto lo digo en forma absolutamente literal. Ese día mi vida cambió para siempre. Luego de este incidente, cuyos detalles no me parece importante recalcar acá, tuve que interrumpir mis estudios de Medicina, mis tan queridos "informes de laboratorio de biofísica" con la Jose y el Vladi, mis visitas a la casa de momo, mis compras en el infante y mis tan entretenidos y malolientes laboratorios de anatomía (que eran los miércoles a las 3:00 pm, tan cagado no estoy) y cambiarlos, sin pensarlo ni quererlo, por una camilla de hospital, por grandes dosis de nitroglicerina endovenosa (y los dolores de cabeza!... oh!), por una conciencia funcionando a no más del 10%, y un terrible miedo al fin, a la muerte.
Debo decirlo, ayer no me parecía tan cierto, pero hoy sí: Todo sucede por algo, y la vida es un enorme libro que se escribe capítulo a capítulo, y como dice un amigo por allí, el gran escritor es uno mismo. Quizá este viaje me sirva de cierre, para cerrar uno de los capítulos más felices en mi vida (después de hoy) que fue muy corto, pero que me hizo darme cuenta de una de las frases más ciertas que he escuchado: (no es la de que todo lo que sube tiene que bajar) "Uno jamás valora lo que tiene, hasta que lo pierde"
Como dije, este viaje quizá me sirva de cierre de capítulo, que es lo que menos quiero. Quiero viajar y ver a mis viejos amigos, a esos lugares que encontraba tan feos y hostiles. Quiero volver a lo que creo que se llamaba "Parque Brasil" y caminar de noche, con mi chela bajo el brazo y mi querida amiga Jose a mi lado, quiero repetir y vivir todo lo que me he perdido con ella y con los demás, pero por sobre todo, quiero darle un fuerte y apretado abrazo a quien más me hace recordar todo esto, a quien más he extrañado de todos, quien más tiempo me dedicó para forjar lo que hoy considero una linda amistad: Joselyn R.
Jose: Siempre te he tenido mucho cariño, y es impresionante la cantidad de emociones indescriptibles que el solo hecho de imaginarme allá me evoca. Si te prometí que iría, lo haré. TQM.
Pancho.
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
I'm all shook up
Y yo pensaba que ya no me iba a volver a pasar y eso me preocupaba... Se estaba convirtiendo, ese viaje dos veces por semana a Casa central, tremendamente tedioso, más que un compromiso, una de esas cosas que sabes que tienes que hacer, pero intentas evitar a toda costa.
No puedo decir que no me gusta, me encanta. Allí está ella, todos los lunes y miércoles con su sonrisa y sus labios tan adorables, sos ojos que brillan. Sí, brillan y no es un cliché... ¿Cómo describirla?... no se puede. Alguien tendria que meterse en mi cabeza y descifrarlo, porque lo que alguien llamó una vez "mariposas en el estómago" seguro tenía diarrea.
Muchos dicen que un hombre sólo se enamora de la cintura hacia abajo... yo digo que sí. Pero a mi me pasa esto, algo raro. Me enamoro de la cintura para abajo todos los días, casi unas tres veces al día, pero ¿qué hacer cuando te enamoras de la cintura para arriba?... ¿Como decirle?... mejor dicho ¿Decirle? ¿Sabrá? yo creo que si... ¿o no? Ahhh!... Yo creo que sabe...Ojalá no sepa......... ojalá sí. Ya no se que mas querer.
OK, me desahogué... espero, sinceramente, que lo vea. Es más facil así.
No puedo decir que no me gusta, me encanta. Allí está ella, todos los lunes y miércoles con su sonrisa y sus labios tan adorables, sos ojos que brillan. Sí, brillan y no es un cliché... ¿Cómo describirla?... no se puede. Alguien tendria que meterse en mi cabeza y descifrarlo, porque lo que alguien llamó una vez "mariposas en el estómago" seguro tenía diarrea.
Muchos dicen que un hombre sólo se enamora de la cintura hacia abajo... yo digo que sí. Pero a mi me pasa esto, algo raro. Me enamoro de la cintura para abajo todos los días, casi unas tres veces al día, pero ¿qué hacer cuando te enamoras de la cintura para arriba?... ¿Como decirle?... mejor dicho ¿Decirle? ¿Sabrá? yo creo que si... ¿o no? Ahhh!... Yo creo que sabe...Ojalá no sepa......... ojalá sí. Ya no se que mas querer.
OK, me desahogué... espero, sinceramente, que lo vea. Es más facil así.
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
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