Una semana entera ha transcurrido desde mi última dosis... La logré conseguir después de entrar a hurtadillas a la pieza de mi hermano, la noche que había salido con su novia a comer por su aniversario. Claudio tomó la mala desición de dejar su reloj en el velador, a pedido de su novia María.
Lo tomé. Completamente avergonzado lo digo. Tomé su reloj. Por si fuera poco lo llevé al tipo de la esquina donde tantas veces me llevaron sedado y encapuchado. Lo cambié por una sola dosis... Nunca debí permitirle que me diera probar esa sustancia.
La sala de enfermería se esta quedando vacía... Cuando se termina no sé que voy a hacer. Ya deben estar preguntándose por que se acaban tan rápido los frascos de morfina.
¡El dolor!... ¡el dolor!
¡necesito morfina!
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Un poco de nada... escribir por escribir