Perfectamente arreglado se dirijió al baño, a esparcirse algo de perfume. Estaba muy emocionado por verla nuevamente después de tanto tiempo sin siquiera hablarle. Recordaba, para su sorpresa, inclusive su aroma... su timbre de voz... sus uñas... todo. Al encender la luz del baño sintió frío. La ventana estaba abierta y la luz de la luna llena se colaba por entre las rendijas del metal que había sido puesto como obstáculo para los insectos.
No sé como decírtelo - dijo consternado al espejo.
Sólo dímelo - contestó su reflejo, con unos pequeños ojitos llorosos, observándolo directamente.
Es que... lo que pasa es que... ehm... - titubeó.
¿Me lo dirás? - preguntó el reflejo.
Es difícil... pero... tú y yo no somos tan diferentes después de todo - dijo cabizbajo.
¿A que te refieres? - preguntó el reflejo.
¿Nunca te ha parecido extraño que siempre estamos vestidos iguales? - preguntó.
La verdad... no. Ahora que lo mencionas, sí. - dijo asustado el reflejo.
Tomó unos segundos para mirarse. Se miró los zapatos, tan escrupulosamente lustrados. La perfecta afeitada, la corbata y el esmókin negro. El pañuelo rojo en su bolsillo y el clavel amarillo y de tan buen olor que llevaba para ella. Dio una fugaz mirada al frente y se echó a llorar.
¡No puedo creerlo... es verdad! - dijo el reflejo, sollozando inconsolablemente.
¿Por qué tardaste tanto en decírmelo? - gritó.
No sé... - contestó.
Creo que este es nuestro último encuentro. Realmente me voy indignado contigo - dijo el reflejo.
Me tiene sin cuidado - dijo.
Tres golpecillos a través de la puerta del baño.
¡Abre! - dijo ella.
¿Con quién hablas? - gritó mientras golpeaba la puerta con su zapatito rojo.
Minutos después se abre la puerta del baño. Sale él con una sonrisa en su rostro, mirando hacia atrás y apagando la luz con sumo cuidado de que no le tomasen la mano desde dentro.
¿Con quién hablabas? - preguntó ella.
Con nadie, corazón. Con nadie. ¿Vamos? - dijo confiado.
Vamos - contestó.
Tomados de la mano abandonaron el departamento.