jueves, 28 de febrero de 2008

La carta

Un día como cualquier otro Camila se levantó temprano. Se puso sus pequeñas pantuflas color violeta y se abrigó con la bata que su marido le había regalado para su cumpleaños, y, en un impulso inexplicable se dirigió al patio de entrada.
Allí su querido perro Balto, un enorme labrador con un tierno pañuelo rojo al cuello, la recibía juguetón, como siempre, a sus pies.
El sol de esa mañana de domingo le entregaba un agradable calor desde la espalda hasta los pies, y cómodamente Camila se tomó unos segundos para acariciar el suave pelaje de Balto, mientras él la miraba con dos ojos brillosos y agradecidos.
Nada hacía presagiar lo que ocurriría esa mañana. Continuando con el impulso que la había llevado hasta el patio, Camila se dirigió hacia la caja del correo, algo nerviosa sin saber realmente por qué... tomó el manojo de cartas que había en el interior y entró a la casa. Tras ella, Balto y su usual enérgico saltar se detuvieron.
Avisos... deudas... cartas de familiares... correo equivocado... etc. Muchos sobres que podrían considerarse como sin importancia relevante esa mañana. Aparte del resto, en un elaborado sobre celeste, que por sí solo sobresalía, se hizo ver como si tuviese vida propia. Camila lo tomó y lo revisó, sin saber exactamende de dónde provenía. En el anverso se leía: "Para: Camila" y una carita feliz dibujada a mano. La dirección coincidía. En el reverso decía "Remitente: Miguel F.T."
"No creo que sea Miguel" pensó Camila... "hace años que no lo ve ni escuchaba de él" pensó mientras abría, temblorosa, el sobre.
Dentro, un papel escrito a mano. Camila comenzó a encontrar familiar esa letra, y llena de curiosidad, leyó:

"Queridísima Camila:
No sabes qué cosas he hecho para conseguir tu dirección. ME ha costado una enormidad, pero lo logré. Sé que han pasado muchos años, y honestamente no me extraña que ya estés casada y tengas una preciosa hija de un año y medio, pero necesito decirte algo que tenía entre dientes, y dadas las circunstancias de nuestra despedida, no te pude decir...

"Dios mío, es Miguel" pensó camila, al tiempo que dejó caer la carta al piso, y se tomó el pecho, emocionada. Un escalofrío la recorrió toda. Una parte de ella deseaba retomar la lectura de esa carta, la parte de ella que tenía veinte años y estaba en la universidad, lejos de su casa. Su otra parte quería eliminar la carta... la que estaba casada y con una hija, formando una linda familia.

"(...) te he extrañado tanto. Mucho. Ni te imaginas cuanto. día y noche, durante al menos un año entero, soñaba con volver a verte y poder decírtelo frente a frente, pero a veces puedo ser un cobarde y nunca tuve el valor suficiente de decírtelo cuando pude.
Te quiero demasiado... quiero que seas feliz con o sin mi.
Han pasado muchos años, nunca quise que fuera así.
Nunca he podido olvidarte
Nunca he dejado de amarte"

Camila dobló el papel por la mitad y lo guardó. Durante largo rato recordó aquellos tiempos y se emocionó al saber que Miguel la recordaba. No sólo eso, sino que aún la amaba. Una lágrima solitaria recorrió el rostro de Camila y cayó sobre su camisón.
- Buenos días, amor - dijo su esposo que acababa de levantarse-
- Buenos días - respondió, al tiempo que guardaba la carta, para leerla si en algún momento deseaba volver atrás, al menos imaginariamente.

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Se me ocurrió anoche... escuchando un tema de congreso. "Mariposa de Nubes"... no soy mucho de congreso, pero era lo que había en el mp3.
Un saludo a todos
Posteen
Chuck