21, 22, 23, 24... Mirando por la ventana las gotas de la lluvia caer desde el cobertizo que daba al jardín de enfrente. Mirando y pensando. Ya no podía dejar de pensar en ella. Sus ojos... su voz... Todo de un modo u otro le hacía recordarla. La amaba mucho... la amaba de un modo inexplicable y dentro de sí, el sentimiento más fuerte era el de volverla a ver y poder procrear, sino cientos, un par de bonitos recuerdos que atesorar de aquí a la eternidad.
Ya ni siquiera comía bien... sólo un par de bocados cada unas cuantas horas acompañados de tardes enteras echado en el sillón de cuero de su abuelo, en un oscuro rincón de la casa, que olía a humedad, fumando, bebiendo ron y suspirando. Dicen que de vez en cuando pronunciaba su nombre mientras dormía ebrio o drogado... y que sólo entonces se esbozaba una sonrisa en su lanudo rostro.
Una mañana de invierno se levantó más tarde de lo habitual porque había tratado de prolongar su sueño. Bajó en pijamas al living. Buscó su chaleco azul en el perchero junto a la puerta de entrada y se lo puso. Un deseo de cigarros y ron lo abordó violentamente.
- ¿Dónde están mis cigarros? – pensó.
- Estos mismos fumaba ella, pero solo de noche.
Lentamente encendió uno y suspiró, al tiempo que exhalaba una densa bocanada blanca. Caminó hacia la cocina a buscar su alcohol preferido, cuando de pronto se percató de una sombra muy extraña a los pies de la puerta de la cocina. Todo estaba ligeramente más oscuro que de costumbre, y eso le llamó profundamente la atención. Levantó su vista hacia su sillón y sólo vio el respaldo, sin embargo a los pies, divisó una sombra. Ésta no se movía, e intentó seguirla hacia sí pero le fue imposible debido a que ésta se mezclaba indisolublemente con la del sillón mismo, el televisor y quizá cuanta otra cosa, así es que sólo se armó de valor y fue al sillón lentamente.
Una vez llegado al sillón, lo rodeó y para su sorpresa encontró un cuerpo. Un hombre sentado con un vaso de ron a medio beber en su mano derecha y un cigarro en la boca. El cigarro estaba completamente consumido y parte de la ceniza había caído sobre su ropa.
- ¿Qué se cree este tipo? Venir a tomarse mi ron y fumarse mis cigarros – pensó, al tiempo que recorría todo el cuerpo con su vista... llegado al rostro, un frío penetrante recorrió toda su espina y su corazón se aceleró. Había visto un rostro muy familiar: el suyo.
Al tiempo que lo pensaba, sintió una mano que lo golpeaba en el hombro. Tres toques. Un hombre delgado de cara blanquecina le habló.
- ¡¡¿¿Qué está pasando??!!... ¿Es una br...
- Eres tu – interrumpió el hombre.
No entiendo... ¿Estoy muerto? – preguntó.
- Sí, lo estás. Estoy aquí para enseñarte el camino a una vida diferente. Una vida mejor en la que no bases tu dieta en alcohol y humo, una vida en la que respetes tu cuerpo y seas feliz... ha llegado tu hora. – respondió muy calmado.
- Pero... tienes que darme tiempo – dijo
- No puede ser... no me he podido despedir... ¿Qué va a ser de mis hermanos?... ¿y ella?... necesito decirle tantas cosas... no puede ser... Al menos un pequeño aviso... por favor... – suplicó de rodillas y derramando lágrimas.
No! - gritó. Con una fuerte y grave voz que inspiró miedo y respeto.
Dame solo una oportunidad – suplicó mientras tomaba sus ropas.
Está bien...
Repentinamente se vio en un lugar que no era el suyo. Un lugar muy limpio y luminoso, con todas las cosas en su lugar ordenadas casi patológicamente. Un comedor muy bien decorado, sillas, un mantel. La lámpara colgante era muy grande y llena de cristales de todos colores, que despedía una luz muy tibia. El pasillo daba a un gran espejo en el final, de piso a cielo. Había 3 puertas hacia el pasillo. De pronto una de ellas se abre... y salió una pequeña niña corriendo con una muñeca en sus manos... corrió al living y se tiró al piso...
- Lalalala... tú eres mi amiga y yo te cuidaré... – cantaba.
- Hola... ¿Cuál es tu nombre? – le preguntó.
La pequeña niña lo ignoraba, como si no pudiera oírle, sólo jugaba con su muñeca... Fue entonces cuando decidió caminar por el pasillo y averiguar de qué se trataba todo, dónde estaba, aunque tenía una vaga idea. Atravesó la primera puerta que encontró y se vio al interior de una pieza pintada de azul y de avioncitos. Una pequeña cama en forma de avioneta ocupaba gran parte del espacio, y entonces vio un pequeño niño durmiendo placenteramente allí. En la siguiente habitación se encontró con una sorpresa no muy grata. Estaba ella, acostada con un delgado pijama de seda rosado, junto a un hombre, quién dormía como un cachorro.
Es ella... está igual de bella. Tal como siempre la he soñado.
Repentinamente se despertó el hombre, y se vistió. Y caminó hacia la puerta para salir.
¿Quiere desayuno, mi amor? – preguntó.
Sí, mi vida... eso me gustaría. ¿Me haría un juguito de naranja?
Claro, amor. – respondió él y salió de la pieza.
Era entonces el momento preciso... caminó y se sentó a su lado. Ella pareció sentirlo pues se incorporó y comenzó a mirar a todos lados. Puso su mano, en la que no podía dejar de notar un vistoso anillo de compromiso, sobre su pecho y suspiró. Él se acercó a su oído, le dio un pequeño y dulce beso, y pronunció unas palabras:
Adiós... siempre te amé. Espero seas feliz para siempre.
Todo después ocurrió muy rápidamente... realmente no se percató como es que pasó por su sucio departamento, y tampoco como fue que había llegado allí, pero estaba ahora en otro lugar donde podía verla, podía cuidarla. Desde entonces ella lo recordaba cada noche, y él agradecido le enviaba bendiciones de vuelta. Ahora estaba en paz. Podía amarla por siempre de aquí a la eternidad.