Rápidamente, y al no poder abrir esa condenada caja, decidió inmediatamente usar ropa normal, una polera verde, con jeans y sus zapatillas favoritas. “¡Un justificativo!, es lo único que me falta.” Se puso rápidamente todas sus ropas, y metió todos sus cuadernos completamente al azar dentro del bolso: Uno de biología, de matemáticas y uno de física, y ¡OH!, cómo odiaba la física… “¿Para qué demonios me sirve saber la velocidad media de una bala de masa
Rápidamente, a una velocidad media que ella jamás se había imaginado podría alcanzar, corrió por las calles y pasajes, esquivó perros, abuelitas y abuelitos que, sin explicación, suelen levantarse muy temprano en la mañana. Llegada al colegio, mágicamente a tres minutos y medio de sonar el timbre, respiró aliviada, muy relajada y tranquila, porque ya todo parecía normal. Se dio un par de minutos para recuperar el aliento, mientras observaba a sus compañeras, como algunas se agrupaban como automáticamente, tal como dos imanes de carga opuesta. Otras, sin embargo, parecían generar un campo eléctrico, o gravitacional, o quizá de qué tipo, que repelían a la distancia a otras. Era como si estuviera e presencia de aceite y agua.
Todo era parte de la rutina normal y cotidiana en el colegio, pero algo pasó. Algo extremadamente bizarro, algo que no tenía explicación, y que hizo a Francisca sentirse como fuera de este mundo, como si se hubiese tele transportado de la noche a la mañana, a un universo paralelo. Cuando hubo recuperado el aire, comenzó a caminar hacia la fila, cuando una voz le sonó conocida: Era el director, que pronunciaba una frase que hasta el día de hoy está impresa en el cerebro de Fran: “Las notas de física están súper malas”… ¿Qué tendría eso que ver conmigo?.
Si hubo algo que le llamó aún más profundamente la atención, fue el hecho que nadie, absolutamente nadie, hizo comentario alguno acerca de su vestimenta. Ni un “Oye, barsa, ¿por qué viniste así?” tampoco un miserable “Te olvidaste de planchar el jumper”, ni tampoco la estúpida pregunta típica de un chileno imbécil: “¿Viniste con ropa de calle?” nada de eso. Nadie hizo un solo alcance sobre su ropa, y eso era en extremo anormal, dadas las personalidades de todas sus compañeras de clase, que extrañamente también, hacían toda clase de comentarios acerca de que Fran se había formado en la fila. Parecían enteramente extrañadas, sorprendidas.
Decidió, Fran, ignorarlo, y a medida que la fila avanzaba a la sala Nº 209, tomó la iniciativa de ir al baño, ya que no había ningún profesor o profesora a quien pedirle permiso.
Llegada a la sala, a penas ingresó, todas sus compañeras se pusieron de pie… y eso no fue todo: Todas dijeron, al unísono, “Buenos días, profesora”... … (¡¡¿¿Qué??!!) – Pensó Fran. Sí, ella era la profesora, ella tenía que hacer la clase, frente a todas sus compañeras, sobre quizá qué cosa. Y efectivamente, ese día era lunes, eran las 8:30 a.m. y eso significaba una sola cosa… quizá por miedo, o por rabia, no quiso hacer el esfuerzo de pensar, pero era inevitable, por más que intentara evadirlo no podía, y es que Fran se había transformado, misteriosa, mágica o diabólicamente en la profesora de Física.