"Búsqueda de culpables"
El hervidor vibraba rítmicamente sobre la encimera, mientras el vapor ascendía rápidamente expandiéndose y colándose entre los muebles y las puertas abiertas donde guardaba sus platos y tazones, humedeciéndolos suavemente. La Mujer y La Vida tomarían una taza de café.
—¿Azúcar? —preguntó La Mujer.
—Sólo crema, por favor —contestó La Vida.
—Quisiera preguntarte algo muy importante —dijo La Mujer mientras servía agua muy lentamente sobre el filtro de papel, y permitía que el agua goteara sobre el contenedor de cristal.
—¿No será nuevamente acerca de él o sí? —preguntó La Vida, mirando dentro de su taza vacía.
—Es que yo ya no te entiendo nada… —suspiró La Mujer, un poco abatida—. Lo he buscado por todos lados, y aún no lo encuentro —agregó, mientras volcaba un poco más de agua.
—Ese es precisamente tu problema, Mujer —mostrándole su taza—. Lo que tú no has entendido hasta ahora; y francamente no comprendo por qué; es que no debes buscarle. Eso ya lo habíamos hablado antes —agregó, mirando el vapor ascender, y recogiendo una enorme bocanada del aroma con su nariz.
—Y si no le busco, ¿quién lo hará? —preguntó La Mujer—. ¿Acaso tengo algo fundamentalmente inaceptable en mi persona? ¿Acaso soy yo culpable? —añadió sirviendo el café dentro de su taza, en inhalando profundamente.
—La búsqueda de culpables, querida… —luego de sorber un poco de café y saborearlo por un par de segundos—, es un proceso macabro. En este juicio tú eres la única sospechosa, la única víctima y, por consiguiente; luego del juicio auto infringido; la única culpable luego del análisis independiente del prisma con que analices la situación —sorbiendo un poco de café.
Ella inclinó su cabeza como intentando procesar lo que acababa de oír.
—La búsqueda consiste, como te lo he dicho ya, en irradiar alegría y amor propio. El hacerlo genera infinitas líneas de fuerza que hacen gravitar esa otra alma hacia ti. Esto, mi querida, es un proceso espontáneo.
—¿Como cuando se enfría mi café? —preguntó, con un tono un poco sarcástico.
—Exacto. Eres muy inteligente —dijo con una sonrisa muy elegante, tomando la taza con ambas manos, y guiñando uno de sus lindos ojos azules.