martes, 13 de marzo de 2007

El octavo pecado capital

Arrodillado, frente a una caja de madera obscura, perfectamente tallada. Todo olía a incienso y mirra… oro por todos lados. Voces y cánticos…
Señor Jesús, perdóname, porque he pecado – dije en voz baja.
¿Jesús? – respondió una voz del otro lado de la madera – Y no soy Jesús… soy un sacerdote.
Ah… Señor sacerdote… perdóname porque he pecado – corregí en voz baja.
Hubo un silencio incómodo. El sacerdote parecía no querer contrariarme, así que sólo se dirigió a mi nuevamente con un tono de desaprobación.
¿Cuál es tu pecado, hijo? – dijo tajante.
Es que, Jesús… perdón, padre… soy feo… soy muy feo. Creo que asusto a los niños pequeños. – respondí.
Ser feo no es un pecado, hijo mío. Dios te ha hecho así, y ser como eres es ser un don de Dios… ¿Si realmente crees que…
¿Qué no es un pecado? – interrumpí enojado y con un grito. Un fuerte eco recorrió toda la capilla y estremeció las conchuelas con agua bendita.
¿Cómo que no?... ¿ha intentado pedir un crédito en un banco?... ¿ha intentado conquistar a una profesora?... – continué gritando. Sin saberlo, miles de cabezas habían girado a observarme… estaba hecho un energúmeno.
Hijo mío – dijo el sacerdote.
Hijo mío…
¿Lo han hecho dar el asiento en el metro?... ¿Ha tenido que dar el asiento bajo todo el sol y con el metro inhumanamente repleto de gente?... ¿LE HAN TIRADO MONEDAS EN LA CALLE?... claro que no… - grité más y más. De pronto sentí un golpeteo en la puerta del confesionario. – NOC NOC NOC NOC
Señor, me temo que le vamos a tener que pedir que salga – dijeron al parecer tres o cuatro voces al unísono.
Me estoy confesando… un poco de respeto – contesté, gritando aún más fuerte. La puerta se abrió de golpe y me dio en la rodilla.
AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!!!! – grité - ¿Qué les pasa a ustedes? – increpé a los tipos. Eran 4.
Señor, va a tener que salir de la capilla – me dijeron en tono imperativo
Arrastrándome me sacaron. Yo gritaba y gritaba desconsolado. El cura, parado en el altar observándome y haciendo con su cabeza un vaivén corto de derecha a izquierda como queriendo decir “Pobre hombre”… “que feo que es”… y eso me enfureció aún más. Rápidamente me las ingenié para golpear a uno de los hombres en la ingle. Me zafé de los otros 3 y corrí por el pasillo principal hacia el sacerdote… hubiera querido morderle la pantorrilla, y de pronto un duro golpe en mi cabeza.

Que dolor…
Había despertado en la calle, rodeado de basura y papel de diario… un indigente pasando por al lado mío, mirándome con cara de pena… me lanzó una moneda de cien pesos.

Y que digan que ser feo no es un pecado – suspiré…
Continué durmiendo junto a la basura, tirado bajo el fuerte sol del mediodía en la Alameda.
… y que digan que ser feo no es un pecado.

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Este lo encontre en el baul de los recuerdos... jajajaja se me habia olvidado la risa que me daba