jueves, 17 de enero de 2008
Micka, el ingeniero. Cap. II
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
martes, 15 de enero de 2008
La ley de Murphy
- Yo te muestro como hacerlo – dijo el padre, mientras el resto de los pasajeros atentamente los observaba.
- pero si no viene, papá – agregó incrédulo Diego, mientras alzaba la mirada.
Lentamente sacó de su banano una caja blanca, y extrajo un pequeño cilindro blanco al que prendió fuego. Inmediatamente, y como por arte de magia, se divisó una micro en el horizonte. Flamante.
- ¿qué es eso, papá? –
- La ley de Murphy, hijo.
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Un corto que hice a petición de un compañero de la universidad para el concurso "Santiago en 100 palabras"
Aparentemente no tuvo ningún premio... El mio tampoco.
(a menos que no me haya enterado, lo que veo difícil)
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
Micka, el ingeniero. Cap. I
Desde muy pequeño, Micka había demostrado sus impresionantes cualidades e inteligencia en el campo de la lógica y de la técnica. Hijo de un conocido artesano de la ciudad, y de una agricultora recibió su preparación junto a otros adelantados niños de la época en el taller del maestro Zyen en la lejana ciudad de Bonne, a un par de días a caballo de su ciudad natal; gracias al esfuerzo que sus padres decidieron hacer.
Durante los años de enseñanza los padres de Micka debieron pagar duramente por este servicio. Usualmente los hijos de los más adinerados podía disfrutar de tal completa preparación, pues semanalmente debía enviarse dinero, dinero que en la pobre morada del artesano y la agricultora no abundaba. En lugar de ello, habían acordado un pago semanal de trigo y papas, a fin de alimentar al resto de los niños que allí vivían, y la prestación de servicios de jardinería de la madre de Micka al taller.
Micka había resultado ser un tipo bastante sociable y no tenía realmente dificultad para hacerse de amigos, y ya contaba con un nutrido grupo de amistades, de los cuales Nicolás era el mejor y más fiel. Juntos habían asistido al taller del maestro Zyen y habían compartido un sinnúmero de actividades y anécdotas que hasta el día de hoy compartían y que habían ayudado a forjar tan unido lazo de amistad.
Ambos habían migrado juntos a la ciudad de Bonne, una sólida y segura construcción edificada hace más de un siglo y asegurada por un muro de roca sólida que lo cuidaba de agresiones enemigas, aun cuando los vecinos de Bonne no eran demasiado hostiles. Hacia el norte de la ciudad había un pueblo de comerciantes, con los que solían intercambiar todo tipo de mercancías y especias que traían de lugares aún más lejanos. Hacia el este, se encuentran los Honos, un pueblo guerrero y luchador, que normalmente se encuentra en guerra por tierras con otro pueblo, y que era reconocido por lo sanguinario en sus ataques. Aun cuando no tenían un cuerpo militar muy superior, se caracterizan por ser muy aguerridos y por su habilidad en la lucha cuerpo a cuerpo con armas de corto alcance.
En la parte oeste del muro hay un gran agujero, de unos dos metros de diámetro, en la que hay instalado un extraño sistema que el maestro Zyen había ideado para extraer agua del río. Una serie de mangueras fabricadas con juncos de madera, extraían el agua gracias a unas bombas fabricadas con caparazones de tortugas de gran tamaño, haciendo confluir el agua hacia tres canales cerrados de piedra caliza, los que finalmente llevan el agua a cinco depósitos en el centro de la ciudad. De allí, a quince puntos estratégicos de la ciudad es conducida el agua en piletas donde los habitantes pueden obtener agua según sus necesidades.
Además, el maestro había fabricado un sistema que, ubicado estratégicamente en las cuatro torres de vigilancia y cerca de los depósitos, era capaz de retener gran parte del agua de la lluvia, no tan abundante en la zona, y encausarla hacia los canales de piedra caliza, los depósitos y las piletas, para así mantener un buen riego de los cultivos de los habitantes y cubrir las necesidades.
Para un pueblo de unos novecientos habitantes, en su mayoría agricultores, éste era un sistema bastante útil y eficiente para mantener los recursos, y con ello el taller del maestro Zyen se había ganado una reputación envidiable en la ciudad. Micka y Nicolás, por lo tanto, eran muy bien recibidos donde quiera que fueran, y hasta el momento tenían una vida bastante agradable.
Una noche, Micka y Nicolás volvían de casa del Rey de Bonne, donde habían asistido a la fiesta de cumpleaños numero diez y nueve de la joven hija del rey, muy tarde por la noche. No solía ser un horario peligroso para transitar, menos para dos integrantes del taller de Zyon, y caminaron sin preocupación. Al llegar a la casa de Micka, Nicolás se percata que la puerta del jardín de Micka está abierta.
- Micka, mira. La puerta del jardín – dijo Nicolás.
- ¿Qué será? ¿Olvidaste cerrar? – preguntó.
- Imposible – respondió Micka – A mí no se me olvidaría cerrar.
Sigilosamente entraron al antejardín, cuidando de no hacer ruido, y de pronto un extraño movimiento desde el interior de la oscura casa, una sombra moviéndose rápidamente de izquierda a derecha.
- ¡Cuidado! – Dijo Micka - ¡Agáchate, que no te vean! – exclamó.
- ¿Quién podrá ser? – pensó Micka.
- Voy a entrar – dijo Nicolás – Cualquier cosa – añadió – te aviso
Nicolás abrió lentamente la puerta de entrada con su pie derecho mientras Micka esperaba fuera. La silueta de Nicolás se perdió detrás de la puerta en la oscuridad cuando de pronto unos sonidos violentos interrumpieron la silenciosa noche. Vidrios quebrándose y la voz de Nicolás lanzando un fuerte grito.
- ¡Vete, Micka!
- ¡Corre! – gritó Nicolás desde el interior de la casa.
Micka jamás dejaría a su amigo ahí tendido en problemas, por lo que rápidamente pateó la puerta de entrada e ingresó a su casa.
- ¿Quién está ahí? – preguntó fuertemente Micka, guardando una posición de defensa.
- ¡Respóndeme! – gritó, intentando mirar hacia todos lados a la vez.
Una sombra moviéndose en su espalda lo hizo girar rápidamente. Al girar, nada.
- ¡Respóndeme! – gritó
- ¿Quién eres?
- ¡Muestra tu cara!
Un duro golpe sintió entonces Micka en su cuello, en la parte izquierda, que lo hizo no poder evitar caer al piso y golpearse la cabeza aún más fuerte. Al quedar tendido, sólo pudo divisar una silueta sobre sí, observándolo con una especie de garrote en la mano. Negra, de espalda muy ancha y cabeza redondeada. Luego, y al verse derrotado y casi inconsciente, se dejó caer en la inconsciencia.
Al despertar, un fuerte dolor de cabeza lo aquejaba. Se halló tendido en el piso de lo que supuso era un calabozo, junto a un posillo de greda con agua y un trozo de pan, presumiblemente por el olor y el color, podrido.
- ¡Sáquenme de aquí! – gritó Micka golpeando la puerta.
- ¿Dónde estoy?
- Parece que despertó el prisionero – se escuchó desde fuera.
- Sí, llama al comandante. Dile que despertó el preso – dijo la voz de fuera.
Al rato se oyeron pasos cada vez más fuertes. Micka se puso muy nervioso y comenzó a mirar su puerta metálica y la luz que se colaba por debajo. Caminaba de un lado a otro, nervioso por lo que pudiera venir. De pronto fuertes sonidos que provenían de la puerta abriéndose. Al abrirse, ingresó un hombre muy grande y de fuerte apariencia. Se paró frente a él y le habló.
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Fin capítulo 1
Pronto viene la segunda parte.
Una creación... es un poco antigua pero creo que no está mal. Dejen post... Saludos
Pancho
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
lunes, 14 de enero de 2008
Recovering
Creo que ha tenido que ver con la pérdida. La pérdida de algo... más bien alguien... no estoy orgulloso de ello, más bien avergonzado. Creo que ella lo sabía desde hace tiempo, desde incluso antes que yo mismo lo supiera, y sin embargo se mantuvo incólume a mi lado... y sigue allí... regalándome cariño sin pedirme nada a cambio.
Y es que es algo que no pude controlar.. aún cuando intenté varias veces detener este proceso mediante desesperadas maneras, pero a veces las llamas de una vela simplemente se apagan sin razón aparente y dejan de dar luz y calor... desaparecen.
Algo me dice que poco a poco comenzaré a recuperarlas. Lentamente han vuelto a mi las ideas que se habían escapado entre mis manos, y quizá dentro de un futuro, cercano o lejano, pueda volver a deleitarme con simples pero gratificantes creaciones.
Pronto llegará, lo sé.
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Algo para desahogarme.
Pancho
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
sábado, 12 de enero de 2008
Melón de Zumo

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jueves, 10 de enero de 2008
Morfina
Lo tomé. Completamente avergonzado lo digo. Tomé su reloj. Por si fuera poco lo llevé al tipo de la esquina donde tantas veces me llevaron sedado y encapuchado. Lo cambié por una sola dosis... Nunca debí permitirle que me diera probar esa sustancia.
La sala de enfermería se esta quedando vacía... Cuando se termina no sé que voy a hacer. Ya deben estar preguntándose por que se acaban tan rápido los frascos de morfina.
¡El dolor!... ¡el dolor!
¡necesito morfina!
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Un poco de nada... escribir por escribir
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lunes, 7 de enero de 2008
No todos los gatitos pueden volar
- ¡Mamá! ¡mamá!... déjame ir al acantilado y lanzarme a volar... yo sé que puedo! - decía Jaimico con lágrimas en sus bellos ojos.
- Jamás... los gatitos no pueden volar. Para volar tendrías que tener alas como la señora Cigüeña que vive sobre ese árbol - decía apuntándola.
- Por eso que dios no te dio alas, sino patas. - agregó mientras lamía su cola escrupulosamente. - Ve a preguntarle a tu padre.
Mientras caminaba por allí, en dirección a ubicar a su papá, vio a cuatro de sus hermanos que la miraban y se reían.
- ¡No se rían de mi!... yo sé que puedo volar! - dijo al tiempo que salió corriendo.
Su padre, un felino muy aterrizado, insistió de una manera muy dulce que no podría volar, y le prohibió terminantemente que intentara tal hazaña.
Jaimico, esa misma noche, y haciendo caso omiso a la prohibición de su padre y a los razonables argumentos de su madre, se dirijió al acantilado, observó hacia abajo y vio la gran altura y la ciertamente dolorosa y posiblemente mortal caída que le esperaba si es que sus padres tenían razón. Sin embargo Jaimico tenía la certeza que podría volar... dando un par de pasos atrás corrió. Corrió muy fuerte en dirección al acantilado y saltó.
Su corazón latía a mil, y sus patas se movían incesantemente, cuando de pronto se dio cuenta que volaba.
- ¡Eeeeeeeeee!... estoy volando - gritó a los cielos.
Rápidamente sobrevoló su casa, e impresionó a sus familiares y amigos...
-Tenía razón Jaimico - exclamaban todos.
A la mañana siguiente todos los gatitos se dirijieron al acantilado a volar y conocer la intensa sensación que significaba despegar las patas del suelo, y compartir el espacio con gaviotas, águilas y halcones, sin olvidar por supuesto a la señora cigüeña.
Uno a uno tomaron vuelo y corrieron más fuerte que lo que podían imaginar... y uno a uno fueron cayendo al suelo, muertos o seriamente magullados... y es por eso que no todos los gatitos pueden volar.
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Esta ha sido mi vuelta oficial al bloggeo.
Visiten mi fotolog... allí subiré mas fotos... claro si es que alguien lee mi blog despues de un año entero de sequía jajajaj
www.fotolog.com/fomelogo
Saludos
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.