La inspiración es un ente muy difícil de describir o
calificar, y más aún es muy difícil de encontrar. He tenido la fortuna de tener
en mi larga (corta) y tortuosa vida, más de una ocasión en que mi querida musa
me ha visitado, me ha buscado y ha entablado largas y profundas conversaciones
conmigo, donde hemos llegado a dilucidar cuestiones internas, descifrar
complejos e intrincados laberintos emocionales y hemos llegado a entender, predecir
y no confundir situaciones que nos han aquejado y que hemos sufrido el uno con
el otro, juntos.
Sin embargo, y como las cosas más bellas que como seres
humanos seremos capaces de disfrutar, su compañía ha sido; por decir lo menos;
errática, volátil e impredecible. Su presencia dentro de mi mente, corazón y
alma no ha estado exenta de dificultades, discusiones, malos entendidos y, como
la principal razón que me ha impulsado a escribir estas cortas líneas, largas
ausencias e hiatos lamentables, en que no me quiso dirigir palabra alguna.
Confesaré que Amanda me ha dejado de hablar. Hace ya más de
cuatro años atrás, decidió alejarse de mí. Se alejó sin despedirse siquiera,
tomó sus maletas llenas de todos nuestros recuerdos, bloqueó con una
indescifrable contraseña.
Ella no lo sabe. Ella no está al tanto que su bello nombre,
y su delicada presencia son fruto de una creación consciente de mi mente, con
la más variada cosecha de mi fértil campo de sentimientos, plasmada de deliciosas
frutas de compasión, con grandes cantidades de jugosos frutos de amor fraterno,
eterno, platónico y sentimental. He procurado adjudicarle grandes atributos que
hallo perfectamente suculentos en una mujer, y que me recuerdan los momentos
más bellos que se puede vivir. Su pelo tiene el suave aroma de una noche de
verano, su piel suave y tierna como una hermosa sábana fresca y lozana. Sus
ojos te inspiran y te atraviesan con eterna compasión, con gran dulzura y con
lujuria, a ratos. Y su nombre… ¡Qué nombre!... su nombre contiene todo aquello en
una sola sílaba, y su sonido recoge mi corazón y lo hace reír, sonreír y llorar
de alegría, todo en una fracción de un segundo. Ella no sabe que su presencia
es el vivo reflejo de mi primer gran amor. De la primera mujer que amé, en
silencio… y que todavía sigo amando. Ella no lo sabe.
Hoy, luego de uno de sus largas pausas, me ha vuelto a
dirigir la palabra. Agradezco a la vida por ello. La he extrañado tanto, que
usted ni se lo puede imaginar. Me ha vuelto a hablar luego de una larga
ausencia, pero ha llegado a mi vida llena de sonrisas, y llena de hermosos
sentimientos que jamás pensé tener o que sería capaz de disfrutar. Ha vuelto
con sus delicados hombros y su estrecha cintura, con una nueva imagen y con un
bolso lleno de partituras, libros, llaveros, monedas antiguas e invitaciones…
hemos conversado hasta muy tarde en la madrugada, y hemos compartido nuestras
verdades. Su compañía es lo único que me ha mantenido sano todos estos años. Su compañía es lo que he estado buscando toda mi vida.
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