sábado, 26 de mayo de 2007

Una cita extraña, Pt. III

(lo prometido es deuda... digo yo)
Música fuerte... muy fuerte... luces fulminantes inundando toda la sala en un instante. Eran los previews de las películas que vendrían ya por la próxima semana. Algunas con grandes cantidades de explosiones y persecuciones automovilísticas a alta velocidad, otras llenas de frases cursis y de amores eternos y parejas felices, y otra de esas películas ganadoras del festival de Kuala-Lumpur y una ratonera de oro... de esas películas que no tienen ni pies ni cabeza pero que la gente insiste en ir a ver sólo porque el director es "ese tal" director.
Pía y Felipe estaban sentados uno al lado del otro, ya por el final de la sala, donde; según la mayoría; se ve mejor. Habían entrado a la sala y había muy poca gente en el lugar. Faltaba poco para que comenzara la película, y Pía sólo miraba la pantalla gigante.
- Espero que sea buena la palícula - dijo Felipe
- Sí -
A ratos Pía se acercaba a Felipe y le tomaba su brazo derecho, como rodeándolo... se acurrucaba, poniéndose cómoda, y continuaba viendo... Felipe, por su parte le devolvía el gesto y la afirmaba fuertemente, tomándole su mano y regalándole una mirada de esas... una de esas miradas brillantes y que parecen durar nada.
- ¿Quieres algo? - preguntó Felipe
- La verdad, no. Quédate conmigo un rato más -
- Está bien -
Finalizada la película, ambos caminaban por un pasillo del mall, sin poder evitar seguir la inercia que los dominaba, de caminar abrazados, y muy lentamente... intercambiando comentarios de la función...
- ¿Qué hora es? - preguntó Pía
- son las 9:15... ¿tienes que volver a tu casa? -
- O sea... no todavía... -
- Bacán... ¿vamos a comer algo? -
- Ya -
Y caminaron hacia otro lugar... juntos... desapareciendo a lo lejos es uno de los más concurridos pasillos del mall.
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Fin parte 3...

domingo, 20 de mayo de 2007

ACID TRIP - part one

Aquel domingo por la mañana parecía como distinto a los demás, quizá por la fria bruma que cubría la copa de los árboles más altos del jardín botánico, o quizá por la extraña sensación de culpa y curiosidad que los abordaba.





Un amigo les había contado que cerca del arrollo más lejano, casi adentrándose en el agua, crecía un hongo rojizo. Que había grandes cantidades de este especimen creciendo y alimentándose de la abundante humedad y materia orgánica que allí se depositaba.





Llegados al lugar, pudieron ver al menos cincuenta especímenes. Todos de unos tres a cuatro centímetros de alto. De cabeza roja, punteada y llamativa, un tallo largo y blanco que sostenía la cabeza.





¿Estos nos tenemos que comer? - preguntó uno de ellos.


Sólo si tu quieres - respondió Diego.


Deben ser asquerosos... amargos... no sé. Muy lindos serán pero no creo que sean ricos... además


Cállate - interrumpió Solange - mientras sacaba uno de raíz.


Teni que sacarles la tierra eso si - dijo mientras lo llavaba en el río.





Rápidamente arrancó el tallo e introdujo la cabeza en su boca. Mascó una buena cantidad de segundos y luego tragó completamente el hongo.





¿viste weon?... nada. - Dijo arrogante Solange.





Todos, entonces al ver que ella habia comido uno y no habia pasado nada, decidieron emularla y tomar un hongo cada uno. Algunos de los más arriesgados consumieron hasta cinco hongos, con tallo y todo.





Solange tomó su abrigo y lo depositó en el suelo, a forma de almohada, para apollar su cabeza, y se dispuso a recostarse, sin poder evitar mirar fijamente una roca en el suelo que parecia derretirse. Quiso entonces llamar la antención de sus amigos, pero no podía dejar de sentirse cómplice de aquella transformación... Era como si la roca pudiera compenetrarse con ella de una sutil manera, y hacerla callar y mantenerlo en secreto para siempre. Al fin, pudo recostarse, batallando con su equilibrio y todos sus sentidos que parécían haberla abandonado.


Llegada al suelo, abajo, bajo el turbio y gris cielo, se recostó y quiso cerrar los ojos, pero un gran susto la conmovió y la desgarró cuando se dio cuenta que al cerrar los ojos, sus oídos también dejaban de oír. Era como un viaje místico y religioso en que atravesaba dos mundos paralelos separados sólo por sus párpados.





Colores en el cielo, fusionándose cinéticamente con las imágenes borrándose de sus amigos, algunos recostados en el piso, otros vagando difusamente por allí, y otros consumiendo más y más hongos. Todo parecía estar ocurriendo como dentro de una botella, y sin embargo, se sentía perdida, sola y abandonada.





De pie, ahora, con el sol en las espaldas, recibía un calor suave y agradable sobre sus piernas y su pecho... quiso caminar pero sentía como que el pasto la retenía bajo un campo magnético super poderoso...





Los colores!... oh! los colores! ... NO SE VAYAN! - gritaba diego desde el pie de un roble, mientras besaba la madera del árbol... - NO SE VAYAN DE AQUI NO ME ABANDONEN! - gritó, mientras Solange trataba de entender que era lo que estaba pasando.

amanita muscaria