Una buena y considerable cantidad de minutos, quizá horas, había pasado observando el mapa del transantiago en el quiosco frente a su casa.
La 411 hasta la parada... luego... ¿qué?... mierda no entiendo. Mejor pregunto - Pensaba Felipe mientras tiritaba suavemente, un poco por el frio y también por lo nervioso que se estaba poniendo.
¿Y qué me pongo?... chuta no tengo camisas limpias - penso mientras hurgaba en su cajón de la ropa.
¡¡Mamá!!... ¡¿Dónde está mi camisa azul?!... grtó al primer piso buscando una respuesta.
La estoy lavando - contesto su mamá.
Asi entonces se dirigió Felipe a su destino... caminaba y pensaba que le diria, ¿acaso estudiarían o sería este el inicio de una mágica relación entre Pía, la linda niña del Food, y él?... No era necesario hacerse tantas preguntas. Muchas veces le habian dicho que se dejara llevar y que fuera él mismo, pero le era imposible ya que era, y sin exageración, la primera vez que lo invitaban con tal grado de inocente insinuación.
Varias medias horas duró su viaje en la 411, hasta la calle que lo dejaria más cercano. Nervioso como nunca, al bajar, sintió un deseo de salir corriendo en dirección contraria, pero sabía que ya era demasiado tarde como para retroceder. Sólo caminó las 3 cuadras que faltaban para llegar a la casa de Pía.
Tocó el timbre y se armó de valor.
¿Si? - dijo una voz por el citófono.
Ehm... ¿está Pía? - Preguntó Felipe, con voz temblorosa.
¿Quién la Busca? - preguntó la voz.
Felipe... vengo a estudiar con ella - contestó.
Si, un momento. - la voz.
Se oyó un golpe, el golpe que resuena cuando se cuelga el citófono. Felipe tomó aire y respiró un poco más calmado.
Pía, te buscan afuera - se oía a través del citófono
¡Ya voy! - dijo Pía.
Al cabo de unos minutos se abrió la puerta y ella, radiante y deslumbrante, apareció. Hoy tenia puesto un lindo chaleco celeste y un pantalón. Su pelo caía liso sobre sus hombros y sus ojos se veían particularmente bonitos ese día. Se podía ver la emoción en su rostro.
Hola... ¿cómo estai? - preguntó Pía
Bien... ¿y tu? - dijo Felipe, extrañamente no tan nervioso ya.
Bien también... ¿Te costó mucho llegar? - pregunto ella.
En verdad no... igual facil. No queda tan dificil.... - prosiguió felipe.
¿Cuándo tienes la I2 de cálculo?... continuó
Como en dos semanas más... igual falta. - contestó Pía.
Pasa... pasa - dijo Pía - Yo aca preguntandote cuestiones y tu afuera... entra que hace frío. - continuó.
Ya.... - Felipe.
Una vez dentro de la casa, Pía se sentó en el sillón de livin comedor y tomó el control remoto de la radio...
Sientate aquí - dijo Pia.
¿que necesitas que estudiemos?... ¿Que te estan pasando?... - Dijo Felipe - podríamos partir por...
No... ya sé!... tengo una idea!... - interrumpió Pia, casi gritando.
¿que?... jajaja que? - preguntó Felipe.
¿por qué no vamos al cine?... es que me regalaron dos entradas para hoy día... ji - dijo riéndose - y como la prueba es en dos semanas... ¿te tinca?
Ehm...
Pensé que íbamos a estudiar... no, cálate y anda! - pensó Felipe en dos segundos
¿y? - siguió Pía
Ya... vamos - dijo Felipe emocionado
Pia se levantó, y fue a buscar su abrigo. Una chaqueta de botones grandes que se le veia particularmente bien...
¿que vamos a ver? - pregunto Felipe
No se... ahi vemos - Dijo Pía.
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Fin parte 2
viernes, 30 de marzo de 2007
Una cita extraña, Pt. II
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
martes, 13 de marzo de 2007
El octavo pecado capital
Arrodillado, frente a una caja de madera obscura, perfectamente tallada. Todo olía a incienso y mirra… oro por todos lados. Voces y cánticos…
Señor Jesús, perdóname, porque he pecado – dije en voz baja.
¿Jesús? – respondió una voz del otro lado de la madera – Y no soy Jesús… soy un sacerdote.
Ah… Señor sacerdote… perdóname porque he pecado – corregí en voz baja.
Hubo un silencio incómodo. El sacerdote parecía no querer contrariarme, así que sólo se dirigió a mi nuevamente con un tono de desaprobación.
¿Cuál es tu pecado, hijo? – dijo tajante.
Es que, Jesús… perdón, padre… soy feo… soy muy feo. Creo que asusto a los niños pequeños. – respondí.
Ser feo no es un pecado, hijo mío. Dios te ha hecho así, y ser como eres es ser un don de Dios… ¿Si realmente crees que…
¿Qué no es un pecado? – interrumpí enojado y con un grito. Un fuerte eco recorrió toda la capilla y estremeció las conchuelas con agua bendita.
¿Cómo que no?... ¿ha intentado pedir un crédito en un banco?... ¿ha intentado conquistar a una profesora?... – continué gritando. Sin saberlo, miles de cabezas habían girado a observarme… estaba hecho un energúmeno.
Hijo mío – dijo el sacerdote.
Hijo mío…
¿Lo han hecho dar el asiento en el metro?... ¿Ha tenido que dar el asiento bajo todo el sol y con el metro inhumanamente repleto de gente?... ¿LE HAN TIRADO MONEDAS EN LA CALLE?... claro que no… - grité más y más. De pronto sentí un golpeteo en la puerta del confesionario. – NOC NOC NOC NOC
Señor, me temo que le vamos a tener que pedir que salga – dijeron al parecer tres o cuatro voces al unísono.
Me estoy confesando… un poco de respeto – contesté, gritando aún más fuerte. La puerta se abrió de golpe y me dio en la rodilla.
AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!!!! – grité - ¿Qué les pasa a ustedes? – increpé a los tipos. Eran 4.
Señor, va a tener que salir de la capilla – me dijeron en tono imperativo
Arrastrándome me sacaron. Yo gritaba y gritaba desconsolado. El cura, parado en el altar observándome y haciendo con su cabeza un vaivén corto de derecha a izquierda como queriendo decir “Pobre hombre”… “que feo que es”… y eso me enfureció aún más. Rápidamente me las ingenié para golpear a uno de los hombres en la ingle. Me zafé de los otros 3 y corrí por el pasillo principal hacia el sacerdote… hubiera querido morderle la pantorrilla, y de pronto un duro golpe en mi cabeza.
Que dolor…
Había despertado en la calle, rodeado de basura y papel de diario… un indigente pasando por al lado mío, mirándome con cara de pena… me lanzó una moneda de cien pesos.
Y que digan que ser feo no es un pecado – suspiré…
Continué durmiendo junto a la basura, tirado bajo el fuerte sol del mediodía en la Alameda.
… y que digan que ser feo no es un pecado.
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Este lo encontre en el baul de los recuerdos... jajajaja se me habia olvidado la risa que me daba
Señor Jesús, perdóname, porque he pecado – dije en voz baja.
¿Jesús? – respondió una voz del otro lado de la madera – Y no soy Jesús… soy un sacerdote.
Ah… Señor sacerdote… perdóname porque he pecado – corregí en voz baja.
Hubo un silencio incómodo. El sacerdote parecía no querer contrariarme, así que sólo se dirigió a mi nuevamente con un tono de desaprobación.
¿Cuál es tu pecado, hijo? – dijo tajante.
Es que, Jesús… perdón, padre… soy feo… soy muy feo. Creo que asusto a los niños pequeños. – respondí.
Ser feo no es un pecado, hijo mío. Dios te ha hecho así, y ser como eres es ser un don de Dios… ¿Si realmente crees que…
¿Qué no es un pecado? – interrumpí enojado y con un grito. Un fuerte eco recorrió toda la capilla y estremeció las conchuelas con agua bendita.
¿Cómo que no?... ¿ha intentado pedir un crédito en un banco?... ¿ha intentado conquistar a una profesora?... – continué gritando. Sin saberlo, miles de cabezas habían girado a observarme… estaba hecho un energúmeno.
Hijo mío – dijo el sacerdote.
Hijo mío…
¿Lo han hecho dar el asiento en el metro?... ¿Ha tenido que dar el asiento bajo todo el sol y con el metro inhumanamente repleto de gente?... ¿LE HAN TIRADO MONEDAS EN LA CALLE?... claro que no… - grité más y más. De pronto sentí un golpeteo en la puerta del confesionario. – NOC NOC NOC NOC
Señor, me temo que le vamos a tener que pedir que salga – dijeron al parecer tres o cuatro voces al unísono.
Me estoy confesando… un poco de respeto – contesté, gritando aún más fuerte. La puerta se abrió de golpe y me dio en la rodilla.
AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!!!! – grité - ¿Qué les pasa a ustedes? – increpé a los tipos. Eran 4.
Señor, va a tener que salir de la capilla – me dijeron en tono imperativo
Arrastrándome me sacaron. Yo gritaba y gritaba desconsolado. El cura, parado en el altar observándome y haciendo con su cabeza un vaivén corto de derecha a izquierda como queriendo decir “Pobre hombre”… “que feo que es”… y eso me enfureció aún más. Rápidamente me las ingenié para golpear a uno de los hombres en la ingle. Me zafé de los otros 3 y corrí por el pasillo principal hacia el sacerdote… hubiera querido morderle la pantorrilla, y de pronto un duro golpe en mi cabeza.
Que dolor…
Había despertado en la calle, rodeado de basura y papel de diario… un indigente pasando por al lado mío, mirándome con cara de pena… me lanzó una moneda de cien pesos.
Y que digan que ser feo no es un pecado – suspiré…
Continué durmiendo junto a la basura, tirado bajo el fuerte sol del mediodía en la Alameda.
… y que digan que ser feo no es un pecado.
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Este lo encontre en el baul de los recuerdos... jajajaja se me habia olvidado la risa que me daba
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
sábado, 10 de marzo de 2007
Una cita extraña, Pt. I
Una vez más Felipe se encontraba solo en el FoodGarden, comiendo su abundante almuerzo observando de lado a lado a las demás personas que ocupaban el lugar.
- ¿Está ocupado este asiento? - preguntó una linda señorita de blusa blanca.
Algo nervioso se puso Felipe por la pregunta, y sólo atinó a contestar con un"no" y un par de segundos despues hizo un nervioso y violento gesto con su mano derecha apuntando al asiento, lanzando de paso un trozo de zanahoria desde su plato hacia el extremo opuesto de la mesa.
- Úsalo si quieres - dijo con voz temblorosa.
Por supuesto que su intuición le decía que ella tomaría la silla y se iría hacia otro lado a comer con sus amigas, pero por el contrario, se sentó frentea él y le dirigió la palabra.
- Te he visto en cálculo 2 - dijo.
- Tu eres el niño que le va super bien - agregó, al tiempo que extendía sumano en un sutil gesto y ubicó su mano en una posición que inevitablemente le invitaba a tomarla.
- Me llamo Pía - dijo suavemente.
Felipe, inmensamente extrañado extendió también su mano, esta vez con mucho más cuidado de no esparcir su almuerzo sobre la mesa y le contestó.
- Yo, Felipe - contestó, algo confiado en ella.
- Es que... ¿sabes que?... como que no me va muy bien y me gustaría que alguien me ayudara un poquitito - dijo.
Un incómo silencio se instaló entre los dos, e incluso parecía que todo el casino se hubiera quedado callado sólo para escuchar que es lo que Felipe contestaría... Para Felipe todo parecía suceder casi en cámara lenta, ydespués de formular una respuesta que pareciera sensata contestó:
- ¿Quieres que yo te ayude?... - contestó esperando que no estuviera fuera delugar.
- Sí... - dijo Pía, sonrojándose.
Felipe, al ver el rostro ruborizado de su bella compañera de almuerzo, intentó continuar una conversación fluida y amena.
- ¿Qué estudias? - preguntó.
- Biología. ¿Y tú? - respondió Pía.
- Yo ingenieria. Plan común - contestó.
- En verdad tengo harto tiempo libre, porque tengo pocos ramos... Te podría ayudar mañana en la tarde. ¿te parece? - preguntó
- Sí... demás. No tengo clases en la tarde - dijo Pía.
- ¿Nos juntamos en la entrada de la biblioteca para estudiar? - preguntó.
- No, anda a mi casa - dijo, y le quitó una servilleta de la bandeja, donde escribió una dirección.
- Nos vemos entonces... te espero - dijo emocionada y se levantó de su asiento. Despidiéndose, le guiñó uno de esos bellos ojos que tenía en su perfecta cara, se dio vuelta y partió.
- Calma, Pipe - pensó Felipe.- Sólo vamos a estudiar - pensó.
FIN PARTE UNO
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Gracias a mi amigo Pirata por la idea de escribir en partes... ya venfrá la parte dos.
¿Qué será de la extraña cita de Felipe y Pia? averíguelo en el proximo episodio
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
lunes, 5 de marzo de 2007
Debo irme
Ha pasado mucho tiempo, sí. Lo sé. - dijo mientras tomaba su mano y la acariciaba.
Más de 3 años ininterrumpidos - agregó con su dulce voz y sus ojos brillantes de emoción.
No quería que esto terminara así. - contestó con una evidente pena que ya casi lograba arrancarle un desconsolado sollozo.
Sentados en medio del parque, sobre una banca pintada verde, mirándose el uno al otro, el día parecía pasar delante de ellos sin siquiera importarles. Esta sería, y ella tenía la corazonada, la última vez en sus vidas que pudiera sostenerse las manos y decirse todo sin pudor ni remordimientos.
Quería decirte algo - Continuó Miguel mientras limpiaba una gruesa lágrima que había arrancado de su ojo y recorría su mejilla en un zurco vertiginoso, dirigiéndose a su gruesa barba cual río al bosque.
Dime - contestó emocionada Paula, con una voz temblorosa.
Es que... me ha sido difícil decir esto así a buenas y a primeras... me ha costado mucho recopilar las palabras necesarioas. Para serte sincero he pasado noches enteras practicando esto - dijo Miguel.
Dime lo que sea... lo entenderé - dijo Paula, mientras tomaba su mano y miraba a Miguel directamente a los ojos.
Yo... me da mucha pena siquiera pensar en esto... tengo que irme y no creo que pueda volver a verte - dijo Miguel e inmediatamente estalló en llanto.
Lanzóse a los brazos de Paula y lloró como un bebé... Paula sólo lo sostuvo y segúia repitiendo las mismas palabras, con una dulzura que en un par de minutos calmó la angustia del hombre. Miguel se puso de pie y caminó, ya tarde, hacia el final de la calle. No se dio vuelta a despedirse. Sintió que ya todo estaba dicho.
La silueta, obscura, de Miguel ya había disminuido bastante y solo se divisaba como un punto en el horizonte, y Paula solo agitaba su mano al aire.
__________________________________
Un cuentito... un corto.
Chuck
Posteen
Más de 3 años ininterrumpidos - agregó con su dulce voz y sus ojos brillantes de emoción.
No quería que esto terminara así. - contestó con una evidente pena que ya casi lograba arrancarle un desconsolado sollozo.
Sentados en medio del parque, sobre una banca pintada verde, mirándose el uno al otro, el día parecía pasar delante de ellos sin siquiera importarles. Esta sería, y ella tenía la corazonada, la última vez en sus vidas que pudiera sostenerse las manos y decirse todo sin pudor ni remordimientos.
Quería decirte algo - Continuó Miguel mientras limpiaba una gruesa lágrima que había arrancado de su ojo y recorría su mejilla en un zurco vertiginoso, dirigiéndose a su gruesa barba cual río al bosque.
Dime - contestó emocionada Paula, con una voz temblorosa.
Es que... me ha sido difícil decir esto así a buenas y a primeras... me ha costado mucho recopilar las palabras necesarioas. Para serte sincero he pasado noches enteras practicando esto - dijo Miguel.
Dime lo que sea... lo entenderé - dijo Paula, mientras tomaba su mano y miraba a Miguel directamente a los ojos.
Yo... me da mucha pena siquiera pensar en esto... tengo que irme y no creo que pueda volver a verte - dijo Miguel e inmediatamente estalló en llanto.
Lanzóse a los brazos de Paula y lloró como un bebé... Paula sólo lo sostuvo y segúia repitiendo las mismas palabras, con una dulzura que en un par de minutos calmó la angustia del hombre. Miguel se puso de pie y caminó, ya tarde, hacia el final de la calle. No se dio vuelta a despedirse. Sintió que ya todo estaba dicho.
La silueta, obscura, de Miguel ya había disminuido bastante y solo se divisaba como un punto en el horizonte, y Paula solo agitaba su mano al aire.
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Un cuentito... un corto.
Chuck
Posteen
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
jueves, 1 de marzo de 2007
Can't stop now
Artist: Keane
Album: Hopes and fears
I noticed tonight that the world has been turning
while I've been stuck here dithering around
though I know I said I'd wait around till you need me
but I have to go, I hate to let you down
But I can't stop now
I've got troubles of my own
cause I'm short on time
I'm lonely
And I'm too tired to talk
I noticed tonight that the world has been turning
While I've been stuck here withering away
Though I know I said I wouldn't leave you behind
But I have to go, it breaks my heart to say
That I can't stop now
I've got troubles of my own
Cause I'm short on time
I'm lonely
And I'm too tired to talk
To no one back home
I've got troubles of my own
And I can't slow down
For no one in town
And I can't stop now
And I can't slow down
or no one in town
nd I can't stop now
for no one
The motion keeps my heart running
the motion keeps my heart running
the motion keeps my heart running
the motion keeps my heart running
Eterno soñador y escritor en formación. Cantante de ducha y creador literario por convicción. Químico farmacéutico de formación académica.
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